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¿Está blofeando Trump cuando amenaza a Canadá con fuertes sanciones, si no se suma al bilateral México-Estados Unidos? Este es el acertijo que debe descifrar Justin Trudeau en las próximas horas.  Si las amenazas de Trump van en serio, Canadá cometería un grave error al no sumarse pronto al acuerdo anunciado el lunes.

El presidente estadounidense ha advertido que habría cambios significativos a la relación con Canadá, entre otras cosas: impuestos de 25% a los vehículos producidos en Canadá; restricción a las ventas de lácteos canadienses en Estados Unidos y una revisión de la forma en que funciona el sistema que ahora permite que los canadienses entren y salgan sin problemas de territorio estadounidense.

¿Se atreverá Trump a tratar así a un país que ha sido aliado y al que aprecian la mayoría de los estadounidenses? El sentido común indicaría que No, pero con Trump eso no aplica. Él está enojado con Trudeau y podría tomar algunas decisiones rudas para vengarse de él. No le perdona al premier canadiense muchas cosas, una de ellas es que haya hablado mal de él ante los medios, en la reunión del G7 que se celebró en Canadá.

Trudeau tiene una difícil decisión: aceptar o rechazar que su país se sume a un acuerdo que fue definido en su mayor parte por Estados Unidos y México. El costo de aceptar puede ser enorme, en términos políticos para él. Implica reconocer, frente a su pueblo, que no tiene la estatura para desafiar a Trump. Esto podría dañar su liderazgo y llevarle a perder la próxima elección.

Si decide rechazar el TLCAN, porque no le gusta el acuerdo bilateral o para “salvar rostro”, podría provocar una crisis económica para Canadá. Este país podría aguantar bien, si el TLCAN acabara, pero resultaría severamente dañada si el fin del TLCAN se produce en un contexto de “guerra” con la administración Trump. Canadá envía 75% de sus exportaciones a Estados Unidos y no podría resistir una ofensiva arancelaria de su vecino del Sur. Las pérdidas de empleos, sólo en el cluster automotriz de Ontario ascenderían a 160 mil.

Canadá puede ganar tiempo, para saber si Trump está blofeando, pero no puede decir No. Por eso Christya Freeland llegó con bandera blanca a Washington.