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Plebecito. Desde el mes de junio de 1965 el genial humorista michoacano de 31 años, Eduardo del Río, quien ya firmaba sus caricaturas con el seudónimo de Rius, se las ingenió para diseñar y lograr que se publicara un cuaderno de comics mexicano que se llamó Los Supermachos. Fue una exitosa publicación dentro de la línea ideológica de izquierda -y en esos años comunista- del dibujante. Llegó a tirar un cuarto de millón de ejemplares. Tuvo tanto éxito que por presiones del gobierno el editor tuvo que parar las prensas. Rius se llevó consigo su genialidad y sus personajes, entre los que sobresalen Caltzozin y don Perpetuo Del Rosal. Luego hizo, sin indirectas, Los Agachados.

En 1973 Alfonso Arau, junto con Rius y otros rufianes, realizó la película Caltzonzin Inspector, basada en la noveleta que Miguel Alemán Velasco hizo a partir del texto El Inspector del ruso Nicolai Gogol. Es una buena comedia.

Me vino a la memoria porque el personaje de don Perpetuo del Rosal, toda proporción guardada de tiempo y circunstancias, me pareció reencarnado en el presidente López, todo él metido en la carrera final de las campañas electorales, buscando la perpetua vigencia, la continua autoridad y el dominio inacabable.

Debo disentir de plumas más informadas y sabias que yo, las que insisten en contradecir lo que puede ser la única muestra de sinceridad que el presidente López ha tenido en su vida. Dijo Lopitos que el importantísimo evento del domingo que viene, más que una elección es un referendum, un plebiscito, es una consulta. No es nada más elegir a las autoridades, elegir al partido. No; es elegir el proyecto de nación que queremos. ¿Alguien quiere explicación? El discurso de don Perpetuo López Obrador es clarísimo, y no es nuevo: no me vengan con el cuento de que la ley es la ley.

Y para que nadie se llame a engaño, excepcionalmente puedo adelantar lo que sucederá el domingo próximo. Cuando los resultados del PREP, conteo legal de resultados preliminares, será evidente que las encuestadoras valen lo que se le unta al queso y que el margen de preferencia real en las urnas muestra una diferencia mínima; en ese momento, Lopitos recordará otro apotegma favorito: por encima de la ley está mi autoridad moral.

Alrededor de ese momento se va a presentar el momento culminante de la crisis nacional que estamos viviendo: el presidente de la República desconocerá el resultado oficial de las elecciones y dará de esta forma su tantas veces anunciado golpe de estado técnico. A mi simple entender, la Constitución no tiene prevista una situación en la que el Presidente desconozca el resultado de las elecciones, cuando es el Instituto Nacional Electoral primero y luego el Congreso los que deben legitimar sus resultados.

A todos les queda claro que titular mi texto Plebicito es un juego de palabras. Plebes, que dicen en la tierra de mi mujer a los niños, y plebiscito que era en la Roma antigua la consulta a los plebeyos. Esas es la pueril propuesta de don Perpetuo. Seguir en el poder, que esa es su droga anhelada, esperada, y disfrutada. A todo coste.

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): Vaya a gobernar quien sea la que gobierne este país, tendrá muchas urgencias a resolver. No debe ser la última, porque lo mejor sería que esté lejos de elecciones: cambiar las leyes electroales estalinianas que nos mantienen cautivos. De todos modos, debo rendir homeaje a la mejor cualidad de las campañas electorales y su difusión: que esta noche de miércoles a la media noche, se acaban. Y no tienen zapatilla que perder en el camino.