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Eso de que “nosotros no los tomamos en cuenta” dicho por el presidente López Obrador sobre los resultados de la Prueba PISA y el retroceso educativo de 20 años apenas se le ocurrió la semana pasada.

Desde el inicio de su gobierno, esos informes le eran tan importantes para su política educativa que fueron referente en el Programa Sectorial de Educación 2020-2024, Secretaría de Educación Pública, Programa Sectorial Derivado del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, publicado en el Diario Oficial de la Federación el lunes 6 de julio de 2020.

“Nosotros no los tomamos en cuenta porque pues todos esos parámetros se crearon en la época del neoliberalismo”, dijo el mandatario el miércoles, pero hace dos años y medio eran aquilatados con igual importancia que el derecho a la educación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y la Convención sobre los Derechos del Niño:

“La educación de calidad es uno de los 17 objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible adoptada en 2015 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas como una hoja de ruta transformadora para la humanidad con la promesa de no dejar a nadie atrás”, dice el Programa Sectorial de Educación 2020-2024, donde consta literalmente el compromiso del Estado mexicano para cumplir “el Objetivo de Desarrollo Sostenible, garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”, cumpliendo el Programa PISA “para la Evaluación Internacional de los Estudiantes”, reconociendo la baja calidad de la enseñanza en México: “Prueba de ello es el bajo desempeño en las pruebas de logro educativo nacionales e internacionales. Es indudable que el país presenta un importante rezago en la calidad de la educación: la prueba PISA muestra que México se mantiene muy por debajo del promedio de los países miembros de la OCDE, incluso con un desempeño inferior a naciones como Chile y Uruguay…”, se reconocía.

Negar la importancia de la prueba PISA llevó a la precandidata morenista Claudia Sheinbaum a derrapar:

“La prueba PISA tiene muchas críticas en el terreno educativo porque es una prueba única para evaluar la educación en cualquier país del mundo y no toma en cuenta las características de cada país, no toma en cuenta la cultura. De por sí es una prueba cuestionable…”.

¿Qué tienen que ver “las características de cada país” o “la cultura” con el hecho reprobable de que dos de cada tres estudiantes mexicanos de 15 años no saben aritmética elemental y que uno de cada dos no comprende lo que lee y también registra bajísimo nivel en ciencias?

Pese a que en 2020 la prueba PISA le parecía respetable, López Obrador la descalificó en términos ideológicos por considerarla “producto del periodo neoliberal, en donde lo que querían era impulsar supuestamente la calidad de la enseñanza, la excelencia y desaparecer la educación pública…”.