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Poco se advierte que la obra maestra de Victor Hugo, Los Miserables, es una de las muestras esenciales de un género, nacido en París, y muchos años más tarde convertido en México en la forma genial de La telenovela, que se llamó feullieton. Una rocambolesca  historia, de previsible final, que se desenvuelve, poco a poco, por entregas, para ser digeridas y, sobre todo, esperadas, en el próximo capítulo.

En el mismo glorioso siglo diecinueve, y por el mismo camino de difusión, el italiano Carlo Collodi publicó serialmente en el periódico Giornali per Bambini su Storia di un borattino. Borattino quiere decir títere, y ese títere se llama Pinocchio. En español le decimos Pinocho.

Lo importante de este ente, es que ha predeterminado una condena social a nuestro favorito pecado universal: la mentira. Al que dice mentiras, le crece la nariz. Ya Disney Studios  se encargó de orientarnos en ese sentido y Guillermo del Toro aclararnos el camino.

El asunto es que Pinocho tiene muchos émulos. Sin ir más lejos, como decía mi abuela, el gobernador de Nuevo León, Samuel García. Lleva delantera.

Abro paréntesis para dejar en claro de Samuelito García la dislalia , esa incapacidad de hacer conexión entre lo que el cerebro dicta y lo que la lengua dice. Su principal defecto, de Sammy,  es que piensa en inglés y habla en español. Cada vez que acude a la palabra billón tiene en mente -como es realmente en inglés- mil millones de unidades, pesos o rupias, billion es billion. En nuestro idioma un billón es un millón de millones. Pequeña diferencia, parece, por tres ceros a la derecha.

Pero conveniente en política.

El otro día, Samuelito se reventó el anuncio de que NVIDIA -no hace falta decir la magnitud de la empresa- va a invertir en Nuevo León un billón de dólares (un millón de millones) en un centro de datos ecológicos -¡eso vende!- de Inteligencia Artificial (¡puta, eso vende más ahora!)

Menos de una hora más tarde NVIDIA aclaró -y el gobierno del NUEVO Nuevo León tuvo que reconocer– que había un pequeño error. Los que iban, o pretendían hasta ayer, invertir mil millones de dólares, gradualmente en diez años en Nuevo León, eran dos raras empresas mexicanas Cipre Holdings y otra que se llama IA-GDC, de escasa historia ambas.

O séase, que no hay tutía. Lo cual no deja de ser una mera anécdota. Lo que no es trivial es la adopción de la mentira como patrón del ejercicio de un gobierno, como es en Nuevo León.

Samuelito piensa que los neoloneses somos pendejos.

Que nos puede venir a contar que su “compadre” Elon Musk, luego de, dice él, bautizar a su primogénita iba a invertir carretadas de lana en una megafábrica de autos eléctricos en Nuevo León. No hay un ladrillo puesto.

Mucho antes, el gober se comprometió, al aire con mi amiga María Julia Lafuente en televisión, a construir un estadio de 65 mil espectadores para nuestro equipo Tigres. ¿On tá?

Ahora vino lo de NVIDIA.

¿Queremos más?

PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Parece terminar ya el congelamiento del gobierno de los Estados Unidos por el conflicto entre Ejecutivo y Legislativo. Ojalá que, en nuestra vocación imitativa, no paralicemos este país, que tan lento va.

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