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Donald Trump, el anillo al dedo de la Cuarta Transformación, parecería ser el único gran problema que tiene México en los más diferentes ámbitos. Desde el ámbito comercial y migratorio, con sus pretendidos impuestos a las remesas; el de la seguridad interna, con amenazas de intervención directa; y el político, con posibles investigaciones y descalificaciones a nivel presidencial.

Vaya que es mucho lo que concentra la atención en torno a la administración del actual Presidente de Estados Unidos y su forma autocrática de conducir al país más poderoso del mundo, pero hay asuntos internos que son muy graves, aunque no gocen de la atención de la opinión pública.

Inseguridad, autoritarismo, desmantelamiento democrático, insuficiente gasto social y en infraestructura, desequilibrios fiscales, bajo crecimiento al borde de la recesión con una inflación que no baja… y Pemex.

México no ha tenido un solo acierto en su gestión política por años, las pocas reformas estructurales que se llevaron a cabo quedaron desmanteladas por el régimen actual, la economía perdió hasta el poco crecimiento inercial que tuvo durante las primeras dos décadas del siglo y la empresa petrolera se mantiene como un deslumbrante foco rojo para las finanzas nacionales.

Petróleos Mexicanos debería ser hoy una empresa reducida en tamaño, con dedicación exclusiva a la exploración y extracción de petróleo crudo, en un negocio energético de mayoría de participación privada.

Pero mantener el mito de la empresa de “todos los mexicanos”, propiedad del pueblo, la de nuestro petróleo, se ha convertido en un lastre para la salud financiera de todo el país, aunque decirlo sea una blasfemia para los dogmas de las llamadas izquierdas.

Pero ahí están los números. Tan solo durante el sexenio de López Obrador, Pemex tuvo sólo dos años de utilidades y en conjunto entre el 2019 y el 2024 esa empresa, que pasó de llamarse productiva del Estado a empresa pública del Estado, perdió 1 billón 539,200 millones de pesos.

Y a eso hay que agregar 1 billón 730,000 millones de pesos en apoyos diversos del Gobierno Federal. Para entender la dimensión de lo que la 4T transfirió a Pemex imagine que por cada 100 pesos que se invirtieron en educación en este país durante el lopezobradorismo, 37 pesos fueron destinados a Pemex, fueron quemados por esa empresa que debería generar utilidades.

El recurso narrativo favorito del régimen es que fueron los gobiernos del pasado los que dejaron a Pemex en los huesos y es verdad. Pero lo que evitan decir es que estos grupos llamados de izquierda fueron los que se opusieron a cambiar esa realidad.

Y cuando finalmente en el gobierno de Peña Nieto se logró hacer algo, muy poco, para cambiar la situación de ese barril sin fondo, López Obrador personalmente destruyó la reforma y regresó al enorme dispendio que hoy vemos.

Porque la sangría presupuestal sigue, la Secretaría de Energía tiene previstas transferencias a Pemex este año por 136,349 millones de pesos y algunos cálculos de expertos, incluso publicados en los medios afines al sistema, pronostican una necesidad de transferencias de 19,000 millones de dólares el próximo año.

Así que, un problema serio, grave, riesgoso para México, más allá de Donald Trump, se llama Pemex.