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Hay razones ideológicas en la anunciada ley eléctrica del gobierno que le devuelve todo a CFE. La principal de esas razones es la convicción del Presidente de que en materia energética hay que restaurar el pasado monopólico de Pemex y de la CFE.

Es una convicción ciega ante las condiciones reales del mercado energético mexicano y ante las tendencias mundiales en materia de energía. El Presidente no entiende bien el mundo energético en que vive y quiere regresar al mundo en que vivió. Pero hay también una razón material, una “lógica industrial”, en la estrategia.

Es la increíble cantidad de combustóleo que producen las muy ineficientes refinerías mexicanas, producto no deseado que está ahogando a Pemex y que solo puede servir para quemarse en las plantas viejas de CFE.

Ni el gobierno ni Pemex saben qué hacer con el residuo de combustóleo que dejan sus refinerías, las cuales ya estaban mal pero han empeorado a ritmo de deterioro terminal en estos años. De cada barril de petróleo que Pemex le mete a las refinerías mexicanas, éstas devuelven 42 por ciento de gasolina y un 29 por ciento de combustóleo.

Las refinerías de Estados Unidos producen por cada barril de petróleo un 81 por ciento de gasolinas y solo 3 por ciento de combustóleo. Hubo semanas del año pasado en que las refinerías mexicanas produjeron más combustóleo que gasolina: entre el 31 de agosto y el 6 de septiembre, según datos de Pemex (“Se ahoga Pemex en combustóleo”: Reforma, 6/2/21).

La indeseada producción mexicana de combustóleo es impresionante. En diciembre de 2019 las refinerías mexicanas producían 128 mil barriles diarios de combustóleo.

Un año después, en diciembre de 2020, el residuo era de 210 mil barriles de combustóleo por día. El combustóleo ha sido prohibido en general, en el mundo, y nadie puede ni quiere comprarlo.

Pemex no ha podido contratar siquiera los carros tanque necesarios para trasladar el combustóleo de Tula y Salamanca a puntos de almacenamiento de la empresa en otros puntos del país. Alguien tiene que tragarse ese combustóleo. No puede enterrarse ni echarse al mar.

La opción industrial de quema son las plantas de CFE.

Los costos económicos y ecológicos de esta “lógica industrial” apenas pueden exagerarse.