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Ayer en el Senado:

Los medios usados predicen la calidad del fin perseguido. Ayer mostraron su impudicia con meridiana claridad.

Sucedió esto:

Para aprobar un proyecto de reforma llamado a “limpiar de corrupción” el Poder Judicial, el gobierno usó delictuosamente sus poderes políticos y sus poderes judiciales.

Ambos, sin cortapisas y en lo oscuro. Corrompió, amenazó, persiguió, extorsionó a los senadores de la oposición.

Los medios usados fueron el fondo del mensaje. La jornada en el Senado de ayer exhibió, como nunca antes, las posibilidades de arbitrariedad y delito a las que puede recurrir el gobierno.

La reforma judicial fue llevada al Senado para su aprobación, escoltada por extorsiones judiciales, amenazas policíacas y ofertas de corrupción para los senadores que iban a votar en contra.

Fue un parto en el pantano, a la vista de todos.

No creo que de este parto pueda nacer una reforma judicial “purificadora”.

Más bien creo que los procedimientos seguidos para conseguir la reforma judicial anticipan la prolongación del pantano a todo el poder que quiere inventarse, al Poder Judicial que nacerá de estos procedimientos.

El medio es el mensaje. El pantano es el mensaje.

Los medios turbios anticipan la turbiedad del fin buscado.

La sesión senatorial de ayer nos mostró en tiempo real la falta de escrúpulos de la clase política que llega al poder.

Morena y sus aliados son una garantía profesional de que, independientemente de la bondad o la torpeza de las leyes, ellos estarán ahí siempre dispuestos a violarlas, torcerlas o ponerlas a su servicio.

El espectáculo de ayer en el Senado, repito, fue un parto en el pantano, un avasallamiento hecho por la mayoría, mediante extorsiones políticas y judiciales para crear su nuevo orden de “justicia”.

A quienes dicen que esto ha sucedido antes, hay que decirles que no. Nunca una extorsión de esta visibilidad en el Senado había puesto la Constitución en manos de una fuerza política que necesitara un parto en el pantano para imponerse.

Lo que sucedió ayer simplemente no había sucedido antes. Ni en la ostentación de la trampa, ni en el tamaño de las consecuencias.

Un día triste para México.