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El 2015 será recordado como el año en el que las economías emergentes se vieron inmiscuidas dentro de una tormenta perfecta provocada por el desplome en los precios de las materias primas, el comienzo de la normalización de la política monetaria en Estados Unidos, y una salida de capitales masiva, que provocó una fuerte apreciación del dólar frente a todas las monedas de los países productores de materias primas.

El crecimiento económico a nivel global para el 2015 apenas alcanzará 3.0-3.1%, cifra inferior a 3.4% del 2014, pero bastante en línea con las expectativas de los analistas a principios del 2015, que se ubicaban en promedio en 3.0 por ciento.

Sin embargo, la composición del crecimiento cambió marcadamente. Mientras que las principales economías avanzadas del mundo (Estados Unidos, la zona euro y Japón) aceleraron su crecimiento marcadamente, los mercados emergentes experimentaron una importante desaceleración (principalmente China y América Latina). El rango de expectativas de crecimiento para el 2016 anticipa una aceleración que podría llevar a la economía global a crecer cerca de 3.5 por ciento.

No obstante, este pronóstico tiene un importante margen de error dado el alto grado de incertidumbre sobre el rumbo de los precios de las materias primas y la paridad frente al dólar de las monedas emergentes. En concreto, no vemos mucho riesgo en el pronóstico de que las economías desarrolladas aceleren su crecimiento de 2.0% en el 2015 a un nivel cercano a 2.2% en el 2016, impulsadas por una continua aceleración en Estados Unidos, donde el crecimiento podría pasar de 2.5% en el 2015 a 2.8% en el 2016.

En el caso de Europa, el 2015 marcó el segundo año de recuperación, con un crecimiento cercano a 1.5%, cifra que probablemente sea muy similar en el 2016. En el caso de Japón, la economía, apuntalada por cantidades masivas de estímulos monetarios, podría tener su segundo año de recuperación, alcanzando un crecimiento cercano a 1.0%, que compara favorablemente con un estimado de 0.5% para el 2015.

El riesgo principal a la baja en los estimados para la economía global viene del lado de las economías emergentes. En el 2015, este bloque presentó una desaceleración importante como consecuencia del cambio de modelo económico en China y el impacto negativo de la caída de los precios del petróleo y otras materias primas, en economías grandes como Brasil, Rusia y Sudáfrica.

Todo indica que las economías emergentes crecerán cerca de 4.0% en conjunto en el 2015 y los pronósticos apuntan a una recuperación en el 2016 a un ritmo de 4.5 por ciento. Sin embargo, para que esto suceda, es necesario que China siga creciendo cerca de 6.2%, lo cual es una apuesta que tiene ciertos riesgos. Asimismo, este pronóstico supone que la desaceleración en China podría ser parcialmente contrarrestada por una recuperación en América Latina, que tendría que salir de la recesión en la que cayó, pasando de -0.4% en el 2015 a 0.7% en el 2016.

Tanto el supuesto de que China mantenga su crecimiento por arriba de 6.2%, como el supuesto de que América Latina salga de la recesión se ven aventurados. Aunque México, Chile, Perú y Argentina deberían crecer a un mejor ritmo en el 2016, la situación en la principal economía de América Latina, Brasil, sigue siendo preocupante. Aunque el consenso de expectativas apunta a un mejor año que el 2015, existen muchas más probabilidades de que los estimados de crecimiento sean revisados a la baja que a la alza.