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Veintiséis días más, ¿para qué? ¿Para llegar al que está marcado en el calendario del propio Presidente de Estados Unidos como “el día de los aranceles”?

El propio Donald Trump marcó el 2 de abril, el 1 no porque es Día de los Inocentes en su país y es supersticioso, pero el segundo día del cuarto mes del año es cuando su gobierno empezará a aplicar lo que llama aranceles recíprocos.

Y será ese día cuando venza la “concesión” a México para la aplicación de los aranceles de 25% a todos los productos mexicanos exportados a Estados Unidos.

Antes, claro, tan pronto como el próximo miércoles, entran en vigor los aranceles a las importaciones de aluminio y acero.

Es muy difícil seguirle el hilo a Donald Trump; es imposible saber si lo que Trump quiso decir es que los aranceles a México y Canadá son adicionales a los aranceles recíprocos, o si la referencia a los productos manufacturados en la región del T-MEC implica una exención, si entran o no el aluminio y el acero.

En fin, todo abona a la actividad favorita del presidente Trump que es generar volatilidad, de la cual cree que saca una ventaja negociadora.

En eso de los aranceles recíprocos no hay que perder de vista que, en la visión de Trump, quien cobra un IVA, por ejemplo, de 16% en México, está aplicando un sobrecosto a los productos de su país.

El punto es que esta nueva tregua de 26 días no ha sido suficiente para frenar la respuesta de los mercados. Sí, el peso mexicano pasó de los 20.95 del martes a los 20.25 de ayer, pero los indicadores financieros, bursátiles, en Estados Unidos no están en paz.

El índice dólar muestra que se mantiene la depreciación de la moneda estadounidense frente a las principales divisas del mundo, el Índice VIX de volatilidad, llamado el índice del miedo, lleva prácticamente un mes al alza y los principales indicadores bursátiles no paran sus caídas.

Lo que sus propios mercados le gritan, el reclamo que recibió de las armadoras de autos de Estados Unidos, de las cámaras industriales y comerciales, y de los consumidores de su país fue un “ya basta”.

Si de aquel lado de la frontera esta incertidumbre, provocada con toda intención por Donald Trump, ya tiene implicaciones económicas, ni qué decir de sus efectos en México.

No perdamos de vista que nuestro país está en pleno proceso de desarticulación democrática y desmantelamiento de sus instituciones, que ya tiene repercusiones en la confianza y la inversión.

El diferenciador era el acceso al mercado estadounidense, con la herramienta comercial del T-MEC, lo que paliaba en el análisis del costo de oportunidad del hecho de que México avanza en un esquema político más autoritario.

Pero si no hay certidumbre sobre el futuro de la relación comercial México-Estados Unidos, evidentemente que esas inversiones se paralizan o se pierden.

Por eso, estos paliativos mensuales que aplica Donald Trump acaban por ser un daño mayor, porque no hay una definición clara del futuro de la relación bilateral, ya sea para mantener el acuerdo vigente o de plano tener la certeza de su rompimiento.

Ah, y el domingo… un festival de Morena en el Zócalo, ¡válgame!