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Nacional Vicente Fox respalda a Ernesto Ruffo Appel
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Al menos tres personas resultaron heridas y más de 90 vuelos fueron cancelados tras el paso del tifón Saudel por las islas del sur de Japón
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A diferencia de Pedro, quien perdió credibilidad entre su gente por advertir tantas veces la presencia del lobo de forma mentirosa, el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene la atención de fieles y detractores cada vez que dice algo como que, ahora sí, se vende el avión presidencial.

Uno de los distractores favoritos de las mañaneras está de vuelta con la más reciente noticia de que ahora sí se vende el TP01. Claro, ya se ha “vendido” antes, se ha rifado, se ha rentado para bodas y XV años, se ha convertido en avión emblema de la línea aérea del ejército, etcétera, y todo con el mismo fin, distraer.

Es un truco que, aunque ya está desgastado, sigue funcionando y en la medida en que gana titulares abona a la necesidad de conservar el monopolio de la conversación política.

Es un hecho que a la administración del presidente López Obrador se le acumulan temas que hacen dudar a sus fieles más informados de la efectividad de sus acciones de gobierno. Además, claro, hay un desgaste propio por el tiempo que lleva en el poder.

No todos querrán ver el fracaso de sus obras insignia. Ahí está el aeropuerto Felipe Ángeles, desierto y subsidiado, el Tren Maya sólo puede documentar, hasta ahora, devastación ecológica y no un éxito turístico y la refinería de Tabasco está lejos de su primer barril de gasolina.

Todo eso queda soterrado por el avión presidencial o cualquier otro instrumento de propaganda del amplio catálogo matutino, porque nada de eso tiene impacto directo en la vida cotidiana de la mayoría de la clientela electoral.

Pero los asuntos que sí importan, esos son los que han desgastado la aceptación presidencial hasta los niveles de caída sostenida que hoy mantiene.

A la gente sí le importa que hayan muerto 40 personas calcinadas por negligencia de una autoridad migratoria y que el crimen se mantenga impune.

Las evidencias de corrupción y despilfarro, lo mismo con la distribución de alimentos básicos de Segalmex que con los viajes al estilo jeque del secretario de la Defensa, sí calan en el ánimo de quien pensó que no eran iguales.

Pero lo que derrumba el buen ánimo de quien no tiene un enamoramiento fanático con este régimen es aquello que pega directamente en sus personas: inseguridad y economía.

La violencia, la inseguridad pública y la impunidad no necesitan estadísticas para convencer a una mayoría que son temas que se han descompuesto durante esta administración.

Y en la parte económica, la carencia de servicios públicos suficientes, como salud, generan costos adicionales a las familias que no alcanzan a cubrir esas carencias con las asignaciones directas de recursos del régimen.

La inflación no cede, sobre todo en los alimentos básicos y eso complica la asignación quincenal del gasto familiar. Y las gasolinas están hoy en niveles cercanos a sus máximos históricos.A diferencia de Pedro, quien perdió credibilidad entre su gente por advertir tantas veces la presencia del lobo de forma mentirosa, el presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene la atención de fieles y detractores cada vez que dice algo como que, ahora sí, se vende el avión presidencial.

Uno de los distractores favoritos de las mañaneras está de vuelta con la más reciente noticia de que ahora sí se vende el TP01. Claro, ya se ha “vendido” antes, se ha rifado, se ha rentado para bodas y XV años, se ha convertido en avión emblema de la línea aérea del ejército, etcétera, y todo con el mismo fin, distraer.

Es un truco que, aunque ya está desgastado, sigue funcionando y en la medida en que gana titulares abona a la necesidad de conservar el monopolio de la conversación política.

Es un hecho que a la administración del presidente López Obrador se le acumulan temas que hacen dudar a sus fieles más informados de la efectividad de sus acciones de gobierno. Además, claro, hay un desgaste propio por el tiempo que lleva en el poder.

No todos querrán ver el fracaso de sus obras insignia. Ahí está el aeropuerto Felipe Ángeles, desierto y subsidiado, el Tren Maya sólo puede documentar, hasta ahora, devastación ecológica y no un éxito turístico y la refinería de Tabasco está lejos de su primer barril de gasolina.

Todo eso queda soterrado por el avión presidencial o cualquier otro instrumento de propaganda del amplio catálogo matutino, porque nada de eso tiene impacto directo en la vida cotidiana de la mayoría de la clientela electoral.

Pero los asuntos que sí importan, esos son los que han desgastado la aceptación presidencial hasta los niveles de caída sostenida que hoy mantiene.

A la gente sí le importa que hayan muerto 40 personas calcinadas por negligencia de una autoridad migratoria y que el crimen se mantenga impune.

Las evidencias de corrupción y despilfarro, lo mismo con la distribución de alimentos básicos de Segalmex que con los viajes al estilo jeque del secretario de la Defensa, sí calan en el ánimo de quien pensó que no eran iguales.

Pero lo que derrumba el buen ánimo de quien no tiene un enamoramiento fanático con este régimen es aquello que pega directamente en sus personas: inseguridad y economía.

La violencia, la inseguridad pública y la impunidad no necesitan estadísticas para convencer a una mayoría que son temas que se han descompuesto durante esta administración.

Y en la parte económica, la carencia de servicios públicos suficientes, como salud, generan costos adicionales a las familias que no alcanzan a cubrir esas carencias con las asignaciones directas de recursos del régimen.

La inflación no cede, sobre todo en los alimentos básicos y eso complica la asignación quincenal del gasto familiar. Y las gasolinas están hoy en niveles cercanos a sus máximos históricos.