Minuto a Minuto

Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento
Internacional Delcy Rodríguez asegura que trabaja en “plan maestro” para la reconstrucción de Venezuela
Rodríguez aseguró que su administración ya trabaja en un plan para La Guaira que permita su recuperación en infraestructura y vivienda
Nacional Decomisan más de ocho millones de cigarrillos falsos en Colima
La ANAM detalló que el decomiso de cigarrillos es el resultado de las medidas de control implementadas de manera coordinada entre las instituciones
Nacional UNAM suspende temporalmente inscripciones y entrega de documentos para licenciatura
La UNAM señaló que la revisión del Concurso de Ingreso 2026 continuará hasta concluir las acciones para garantizar la certeza del proceso
Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo

Dos revoluciones mexicanas bajaron del Norte en 1913: la constitucionalista, que tenía apetito de gobierno, y la villista, una formidable máquina de guerra que destruía pero no gobernaba.

El caudillo militar de la primera fue Álvaro Obregón; el de la segunda, Francisco Villa. En estos dos personajes había ethos guerrero, ambición de poder y de riqueza personal.

El ejército de Obregón nació de la rebelión de dos gobiernos estatales, Sonora y Coahuila, contra un golpe de Estado en la Ciudad de México. Conservaría siempre esa marca de origen: el de una fuerza armada nacida de gobiernos constituidos.

El ejército de Villa surgió de la rebelión de los pueblos de Chihuahua, también contra el golpe del centro, pero sin el colchón del gobierno local, disuelto por el asesinato precoz del gobernador rebelde, Abraham González.

Los villistas conservarían siempre la huella de su rebeldía primitiva, cruzada de forajidos y cuatreros, como el propio Villa y sus lugartenientes, Rodolfo Fierro o Tomas Urbina.

Obregón resultó ser el inesperado genio militar de un ejército que quería restablecer el orden constitucional.

Villa fue una inesperada fuerza de la naturaleza, cuya violencia careció, en lo esencial, del proyecto de gobernar y establecer un orden. Su violencia conservó siempre un rastro de desmesura criminal.

Obregón fue implacable en la lucha por el poder, pero ejerció las crueldades de la guerra con un sentido político. Villa fue un guerrero portentoso, pero también un matón sin rival en la historia de Mexico. Y matón en jefe de varios matones.

A la hora de enriquecerse, Obregón optó por ser empresario agrícola, organizador de productores en los valles irrigados de Sonora.

Villa fue siempre un depredador, un jefe de jefes autorizados para la extorsión y el saqueo.

Las formas empresariales de Obregón anticipan la lógica del Norte emprendedor y moderno. Las formas violentas de Villa están en la lógica del narco y del crimen organizado que también bajó del Norte.

El historiador Reidezel Mendoza nos recuerda en estos días el trayecto violento de Villa. La biografía por editarse de Ignacio Almada Bay reconstruye el camino de Obregón.

Los fantasmas de Villa y Obregón combaten todavía en el México y en el Norte de hoy.