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Hace un par de días Donald Trump nominó a Wilbur Ross como secretario de Comercio. La nominación es clave para México, ya que Ross será titular de la dependencia que fungirá como principal interlocutora de la renegociación de los acuerdos comerciales.

Ross no es un burócrata, sino un inversionista multimillonario de 79 años que se ha dedicado a invertir en empresas en dificultades con el objetivo de reestructurarlas y venderlas más adelante con una revalorización importante. Ross, quien es egresado de Yale, donde estudió derecho, y cuenta con un MBA de Harvard, trabajó durante 25 años en el banco de inversión Rothschild, donde se convirtió en uno de los especialistas más prominentes en procesos de reestructuras/bancarrota y donde conoció a Donald Trump como cliente.

Después de Rothschild, Ross decidió independizarse para levantar un fondo enfocado en empresas y activos emproblemados, estableciendo en el 2000 W.L. Ross & Co, donde ha invertido casi 12,000 millones de dólares en 14 industrias y 78 compañías desde su fundación. El primer fondo de Ross invirtió principalmente en empresas de sectores industriales como el acero, los textiles, la minería y los combustibles, aunque, posteriormente, lo ha hecho en el sector financiero y otras industrias. Su inversión más celebre fue la creación en el 2002 de United Steel -mediante una serie de adquisiciones de empresas acereras (varias de ellas en bancarrota)-, la cual unos años después vendió a Arcelor Mittal, en 4,500 millones de dólares.

Este caso es relevante porque United Steel se empezó a conformar meses antes de que el gobierno de George W. Bush impusiera una tarifa a 30% a las importaciones de acero, lo cual benefició enormemente Ross. Posteriormente, Ross hizo una inversión particularmente relevante en el contexto actual, adquiriendo una serie de empresas productoras de autopartes en Europa, Asia y Norte América que conforman International Automotive Components Group (IAC) y que actúan como proveedoras de las principales compañías automotrices a nivel global. Basada en Luxemburgo, IAC es una empresa verdaderamente global, con 32,000 empleados en 22 países (incluyendo a México).

En el 2006, Ross vendió sus fondos a Invesco pero a la fecha se desempeña todavía como chairman de los fondos que aún mantienen su nombre y que gestionan alrededor de 5,000 millones de dólares. Ross ha criticado abiertamente la política comercial de Estados Unidos, argumentando que los negociadores no han extraído suficientes concesiones de sus socios comerciales.

En concreto, Ross identifica cinco puntos que seguramente buscará renegociar con sus acuerdos comerciales: I) establecer cláusulas de renegociación automáticas para asegurar que las ganancias comerciales sean distribuidas de manera justa; II) mecanismos de alivio inmediato contra la implementación de barreras no arancelarias; III) sanciones inexorables a la manipulación cambiaria; IV) cero tolerancia al robo de propiedad intelectual, y V) estándares estrictos en temas ambientales, de salud y seguridad.

En el caso de México, me parece que el punto más crítico es el primero, ya que podría ser muy subjetivo establecer el reparto “justo” de las ganancias. Sin embargo, el enfoque de sus críticas a la política comercial de Estados Unidos y al Brexit da la impresión de que no estamos ante un proteccionista empedernido sino un negociador muy experimentado y pragmático, que entiende a fondo la dinámica de la integración comercial internacional de varias industrias pero que también sabe identificar cuándo tiene ventajas en una negociación.

La influencia de Ross en la política económica de Trump probablemente vaya más allá de temas comerciales, pero su nombramiento, desde mi punto de vista, no es una mala noticia para México, ya que su trayectoria indica que tendremos una contraparte seria, razonable y pragmática. No obstante, será clave ver quiénes serán los subordinados de Ross con los que tendrá que interactuar México.