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“La guerra contra las drogas ha fracasado”, escribió hace unos días Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación de México, anticipando el cambio del paradigma punitivo y prohibicionista vigente hacia un enfoque de salud y legalización durante el próximo gobierno.

No hay argumentos novedosos en el artículo “Justicia transicional: política de drogas, primero la salud, fin a la violencia”, pero las palabras escritas ahí por Sánchez Cordero, y luego sus declaraciones a favor de la legalización de la mariguana, son la mayor novedad política que se ha registrado en México desde que el país se subió al tren prohibicionista.

Es la primera vez que un personaje político de ese nivel, ex ministra de la Suprema Corte y futura secretaria de Gobernación, asume una definición contraria al consenso punitivo y reconoce que la prohibición pura y dura no es el camino a seguir.

“El debate entre justicia, salud y comercio de drogas, nunca ha sido encabezado por el Estado mexicano”, dice.

Nunca, en efecto. Su postura marca un antes y un después en la materia. El nuevo gobierno electo, por su conducto, parece dispuesto a encabezar el debate y a modificar sustantivamente la legislación en el ciclo completo de la mariguana: producción, trasiego y consumo.

Sánchez Cordero tiene las cosas claras en prácticamente todos los aspectos vinculados al tema. En que la prohibición no ha inhibido el consumo. En que el paradigma prohibicionista de la mariguana está retrocediendo en todo el mundo. En que el enfoque punitivo ha traído más muertos, pero no menos tráfico. En que el consumo de drogas debe ser visto como un problema de salud y en que el combate a las bandas criminales debe hacerse con inteligencia y logística, más que con operativos militares.

Respecto a la pertinencia de legalizar el ciclo de la mariguana, y sobre el debate general de la legalización de las drogas, hay una larga acumulación de conocimiento y análisis, fuera y dentro de México.

Lo que no hemos tenido nunca aquí, ni en otras partes, es lo que hoy trae a la escena pública Olga Sánchez Cordero: un gobierno electo dispuesto a encabezar el debate, y a legislar sobre el problema, con una mirada no prohibicionista.

Bienvenida a la batalla.