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Más allá de los resultados puntuales de las elecciones de ayer en 13 estados, conviene hacer una reflexión sobre el pobre espectáculo democrático que dejan como saldo.

Quizá el rasgo dominante de ellas sea la ilegalidad sistemática e impune con que proceden los competidores.

En primer lugar, echando al juego todo el dinero ilegal que pueden colectar.

En segundo lugar, ejerciendo sin recato la difamación y la calumnia en todas las modalidades imaginables de guerra sucia.

En tercer lugar, organizando lo que ha dado en llamarse “operación electoral”, que no es sino la antigua y viciosa práctica de comprar, inducir, obligar e inventar votos.

En cuarto lugar, comprando medios y encuestas al punto de que es imposible guiarse por ellos para leer o anticipar lo que realmente está sucediendo en cada elección.

No hubo ayer una sola elección que no hubiera sido intervenida por los gobiernos locales en busca del resultado que querían.

No hubo ayer una sola elección en la que se haya cumplido la ley respecto a respectar los topes de campaña fijados por ella.

No hubo una sola elección en que todos los participantes hayan cumplido con su obligación legal de rendir cuentas de sus gastos de campaña.

No hubo una sola elección ayer de la que podamos decir que no estuvo sujeta a manipulaciones de toda índole, ninguna en la que podamos decir que los candidatos compitieron lealmente, utilizando solo los recursos que la ley les provee y recibiendo y aceptando los votos que quiso darles su ciudadanía.

Las elecciones de ayer son en muchos sentidos todo lo que quisimos evitar con la implantación de las reglas democráticas.

A la vista de las elecciones de ayer creo que debemos hacer un examen de conciencia, un corte de caja, de nuestras instituciones y prácticas democráticas.

Nuestras elecciones han llegado a ser competidas por la peor de las razones, porque se han emparejado las capacidades de hacer trampas de todos los contendientes.

Nadie puede decir de las elecciones de ayer cuántos de los votos y cuántos de los triunfos vienen de la trampa y cuántos de la voluntad ciudadana.

Tenemos que revisar a fondo nuestras elecciones.

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