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Los partidos han transitado por la democracia, pero la democracia no ha transitado por los partidos, dice con precisión admirable Liébano Saénz, colega de estas páginas.

Podríamos añadir que tenemos una democracia sin demócratas, sin políticos dispuestos a jugar con apego a las reglas, a reconocer públicamente las victorias de sus adversarios, y sus propias derrotas.

Nuestra democracia ha engendrado una familia de políticos y de gobiernos que, en el fondo, no están dispuestos a perder una elección solo porque la gente vote por otros.

Se empeñan entonces, por todos los medios, legales e ilegales, en modelar el voto, inducirlo, coaccionarlo, impedirlo y, al final, desconocerlo.

Es potente y antigua la costumbre mexicana de no ceñirse a la ley, de no resignarse y someterse a ella, sino darle la vuelta, burlarla, leerla y aplicarla torcidamente en favor propio.

Esta costumbre se ejerce en prueba de viveza, de astucia y aún de sabiduría, a menudo con una sonrisa o con una risotada. Es la costumbre que explica la mayor parte de nuestros males públicos: burlar la ley en vez de cumplirla.

En el caso de la democracia, esta costumbre ha convertido en una feria de abusos, simulaciones e ilegalidades lo que se pensó como un proceso transparente y equitativo.

El veredicto práctico es terrible: quien pretenda competir en esta democracia ciñéndose a los recursos y las conductas que le permite la ley, se ahogará con facilidad en el mar de ventajas ilegales, dinero negro y conductas torcidas que se practican rutinariamente en ella.

Creo que en el México de hoy es imposible ganar unas elecciones de importancia sin violar las leyes electorales. Y que no hay un político triunfador en altos cargos de elección popular en cuya victoria no haya estado presente al menos el delito del financiamiento ilegal.

El corolario es terrible también : si quieres ganar elecciones en México, tienes que hacer trampa. En esto, como en todo, hay grados, pero son todos grados de ilegalidad.

Es así como llegamos a las elecciones de ayer domingo en los estados de México, Coahuila y Nayarit. Espero, querido lector, que hayan ganado tus candidatos. Lamento desde ahora lo que tuvieron que hacer para ganar.