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Cuidado cuando la memoria se recupera del olvido. Florestán.

Yo nunca estuve de acuerdo con la decisión de Andrés Manuel López Obrador de ocupar el corredor Zócalo-Reforma tras el resultado de la elección presidencial de 2006 que siempre ha sostenido que le robaron y su presidencia fue producto de un fraude.

Recuerdo que se instaló en una tienda de campaña frente a Palacio Nacional y allí pasó días y noches, acompañado en la plancha por sus colaboradores y seguidores que allí, a diferencia de quienes ocuparon inicialmente el tramo de Reforma, permanecieron a su vera y no abandonaron los kilómetros de toldos hasta el Bosque de Chapultepec.

Pero el impacto ya lo había conseguido: ocupar el Zócalo, como en el pasado cuando venía de Tabasco, y donde se mantuvo hasta la noche del 15 de septiembre pues el gobierno federal, y las Fuerzas Armadas lo necesitaban, el primero para el Grito de aquella noche y los militares para el desfile de Independencia al día siguiente.

El acuerdo fue que su sucesor en la jefatura de Gobierno, Alejandro Encinas, encabezaría la ceremonia oficial de la Ciudad de México, por primero vez desde el balcón del viejo ayuntamiento y acompañado del entonces secretario de Gobernación, Carlos Abascal, como sucedió, para que a las 11 de la noche diera inicio el protocolario desde el balcón central de Palacio Nacional, el último de Vicente Fox.

Y lo que es la vida, ahora, a catorce años de aquel bloqueo, como gobierno López Obrador impide que un grupo de opositores pueda hacer lo mismo que él: ocupar la plaza.

Y no, no estoy a favor del absurdo de pedirle la renuncia al presidente, a lo que además está impedido por mandato constitucional, ni comulgo, nunca dicho más exactamente, con ese grupo que también invoca a Dios para asuntos del César, pero también difiero de la decisión de cerrarles el Zócalo.

Porque algún día lo tendrán que abrir.

RETALES

  1. DESORGANIZACIÓN.- Un retrato de Morena es que los protagonistas a presidirlo han comenzado a apuntar a quienes responderían los más avanzados, como si la decisión de la candidatura presidencial en 2024 fuera a ser del dirigente del partido y no de López Obrador;
  2. REGRESO.- Le había adelantado que Ricardo Anaya sería diputado federal por el PAN, como lo será a partir de la próxima legislatura. Será una voz fuerte que ese partido hoy no tiene. Y será, también, un fuerte dolor testicular para el gobierno y en descuido volverá a buscarla como en 2018; y
  3. FILO.- Alfonso Durazo, secretario de Seguridad dijo que en agosto hubo .46 por ciento de homicidios dolosos, dos mil 973, contra los dos mil 987 de julio, es decir, catorce menos, lo que es nada en esas cifras de miles de asesinatos. Pero la versión oficial es que hay una mejoría en lo que soy escéptico, pues a esos niveles 48 centésimas de punto es lo más cercano a nada.

Nos vemos mañana, pero en privado.