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“Confirmamos que nuestras Fuerzas Armadas derribaron un F-35; si la guerra regresa, habrá más sorpresas”, afirmó el ministro iraní de Exteriores

Amante de las metáforas como es, ahora Agustín Carstens pone al presidente electo de los Estados Unidos a nivel de Jason Voorhees o de Freddy Krueger (aunque si lo vemos bien, se parece más a Chucky).

Porque no hay película de terror que se respete que no tenga como protagonista a un personaje que verdaderamente asuste con su sola presencia. Pero para armar todo un filme de espanto hace falta una historia, un contexto que permita que llegue el monstruo a espantar a los asustados protagonistas.

En nuestra película de terror hace falta un argumento para poder ver cómo llega el terrible Trump a destrozar a hachazos a nuestro peso mexicano, como teme el gobernador del Banco de México.

Así que en la primera escena de la cinta que está por llegar al punto climático con la toma de posesión de Donald Trump como presidente estadounidense, hay que poner a los ingenuos mexicanos, que serán las víctimas, en la ruta del peligro.

Si en una película de Hollywood los protagonistas entran de manera voluntaria a la casa embrujada, en esta analogía deberíamos ver al gobierno mexicano poniéndose en peligro con el descuido de sus finanzas públicas.

El aumento descomunal de la deuda, el incremento en el déficit de la cuenta corriente y la falta de corrección de problemas tan serios como el sistema de pensiones, el esquema tributario, la falta de Estado de Derecho, todo esto, es como apagar la tenue luz de la vela dentro de cuarto oscuro donde sabemos que están los demonios de los mercados que no perdonan esas fallas en los momentos de turbulencia mundial, como el actual.

Pongamos en la historia que tenemos frente a nosotros decenas de puertas abiertas para el libre comercio con prácticamente todo el mundo, pero en ese giro elemental que tienen las películas de terror, nos metemos exclusivamente en la reja estadunidense de la dependencia comercial total.

Claro que los guionistas dirán que era la puerta obvia porque es la más cercana, la más grande y la más cómoda. Pero los espectadores sabemos que al entrar ahí lo que sigue, con el monstruo suelto, es un susto.

En este filme sabemos, como ocurre en todos los del género, que las patrullas llegarán tarde. Que la corrección fiscal tardará, que las inversiones en energía cuajarán dentro de varios años. Sabemos que antes hay que pasar muchos minutos de angustia aferrados a la butaca brincando cada vez que el malo de la película hace ruidos.

Dentro de la casa embrujada empezarán a caer del techo los pedazos de madera en forma de presiones inflacionarias, veremos cómo los asustados protagonistas intentan defenderse disparando las pocas balas monetarias que tienen.

Llegará el momento en que uno de ellos logre salir por la ventana y se aleje corriendo del escenario de peligro, quizá en la forma de aceptar un puesto en un organismo financiero internacional, mientras los demás mueren de miedo dentro de la casa.

En fin, la película de terror que ahora vemos tiene un gran villano, quizá uno de los más grandes de la historia, uno que ciertamente aterroriza a todo el planeta. Pero si esperamos lo peor del terror para nosotros los mexicanos, es porque así quisimos escribir el guion de éste que promete ser un clásico de la cinematografía contemporánea de las crisis.

Nosotros escribimos esta película de terror - val_int_tabla_211216
Foto de El Economista