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Les comparto estas líneas, tal vez las últimas para mi amiga.

Te fuiste China, Chinita, con tus enormes ojos de papel volando, te fuiste en un tris, aunque no querías irte: “Nomas unos cinco añitos mas”, le habías dicho a Viviana, tu sobrina, poco antes de que te llevaran al quirófano para practicarte los terribles exámenes que requerían anestesia; todo para saber qué tenías con precisión; todo para saber de qué curarte, para aliviarte.

Nunca se te realizaron porque estabas muy débil y no resististe la anestesia. Ahí te vino el primer paro cardíaco, de ahí volviste a la vida y a la terapia intensiva, donde permaneciste hasta el amanecer, cuando apareció tu raya, la implacable raya final que no acepta dilaciones.

Ahí encontraste a tu raya, con tu mente lúcida y magistral como siempre, y un pobrecito cuerpo, muy cansado, de tantas y tantas batallas perdidas.

Ahí quedaron tus restos, pero tu espíritu luminoso se fue retozando entre las nubes, para encontrarse con Héctor Azar, con Eduardo Cesarnan, con la Peque Vicens, con Julio Prieto, y con tantos y tantos entrañables amigos y amigas que se te adelantaron.

Ahora estarás con ellos, desplegando toda tu seducción, tu talento, tu energía incontenible, muy potente como siempre.

La vida en la muerte será entonces una constante de bromas inteligentes, de risas por todo y por nada, una constante de solidaridad y maravillosa complicidad entre amores señeros. Eso quiero pensar.

Mientras que tú imagen, tu voz, tus ideas y tu gran capacidad de amar, seguirán en mi mente y en mi corazón. Ahí vivirás siempre.