Minuto a Minuto

Nacional Detienen en Playa del Carmen a fugitivo buscado en EE.UU. por fraude
Otmane Khalladi es buscado en EE.UU. por los delitos de fraude electrónico y blanqueo de capitales
Internacional Instituto Nobel reacciona a entrega de medalla de Machado a Trump
El Instituto Nobel destaca que un laureado no puede compartir el premio con otros ni transferirlo una vez que ha sido anunciado
Nacional Defensa realiza tercer vuelo de ayuda humanitaria a Jamaica
Una aeronave Hércules C-130 de la Fuerza Aérea Mexicana trasladó la última carga de ayuda humanitaria destinada a Jamaica por el huracán Melissa
Entretenimiento Bad Bunny presenta un adelanto de su espectáculo para el Super Bowl
El puertorriqueño se convertirá el próximo 8 de febrero en el primer latino en protagonizar el show del partido más importante de la NFL
Entretenimiento BTS revela el nombre de su nuevo álbum
BTS utilizó el título de la canción folclórica más reconocida de Corea del Sur para nombrar su nuevo disco, con el cual iniciará una gira mundial

No tan solitario resultó, como escribí aquí la semana pasada, el intento del diputado de Movimiento Ciudadano, Sergio Barrera, secretario de la Comisión de la Defensa de la Cámara de Diputados, de convocar al secretario del ramo a rendir cuentas ante el Congreso sobre sus descalabros en materia de seguridad nacional y seguridad pública.

Es verdad que sus compañeros de comisión no lo acompañaron en la convocatoria, pero es cierto también que el diputado Barrera puso el dedo en una preocupación genuina, creciente, de la opinión pública respecto del protagonismo que han tomado las fuerzas armadas.

No recuerdo una época de mayor crítica frontal a los militares mexicanos que la lanzada sobre ellos por los medios y por los miembros del Congreso. La corriente de fondo de este malestar, de los ríspidos reclamos a las fuerzas armadas, es que éstas se han convertido en un actor político nuevo, muy distinto al que fueron hasta ahora, y empiezan a recibir también un nuevo trato.

La contradicción fundamental es que los militares se han quedado con partes sustantivas del gobierno civil, pero pretenden mantener la misma “invisibilidad” de antes. Me refiero al acuerdo que durante décadas les permitió administrar a su antojo la parte de poder institucional que les tocaba, a cambio de que se mantuvieran neutrales en lo político y satisfechas con su pedazo de pastel.

El pedazo de pastel ha crecido desorbitadamente, al punto de que las fuerzas armadas, como se les recordó en el Senado, deberían comparecer no sólo ante la comisión de Defensa, sino también ante las de comunicaciones, salud, hacienda, educación, turismo y otros ramos donde tienen hoy nuevas responsabilidades sustantivas.

Eso, para no hablar de la posibilidad de candidatearse a la Presidencia que les abrió hace unos días el descocado secretario de Gobernación, Adán Augusto López.

El poder convoca a la crítica y a la competencia de los interesados, no puede mantenerse invisible e intocado mientras crece pisando terrenos de otros, en asignaciones gubernativas de cuestionable legalidad, donde las fuerzas armadas acusan ostensible inexperiencia.

Las fuerzas armadas se hinchan de nuevas responsabilidades, pero naufragan en su tarea primera que es la seguridad. El que mucho abarca, poco aprieta.