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La víspera del atentado al que sobrevivió Ciro Gómez Leyva, López Obrador había rematado su mañanera atizando su rabiosa cruzada:

Imagínense si nada más escucha uno a Ciro o a Loret de Mola o a Sarmiento, no, pues. Además, es hasta dañino para la salud. Si los escucha uno mucho, hasta le puede salir a uno un tumor en el cerebro. Bueno, adiós, adiós…”.

Tal era el contexto nacional de la noche en que un matón le disparó nueve o más tiros, casi todos dirigidos a la cabeza y cara.

La cita viene en su reportaje de sí mismo que acaba de publicar Planeta: No me pudiste matar, retomada del libro y narrada casi de memoria por Joaquín López-Dóriga en la presentación electrónica del testimonio bibliográfico del sobreviviente.

Con Ciro a distancia en su adoptado Madrid y acompañado por la querida reportera Miriam Moreno y el entrañable Manuel Feregrino en el estudio de Radio Fórmula, Joaquín lo dijo así:

“El día anterior López Obrador, en su ofensiva permanente contra ti, contra Loret, contra Sarmiento, contra mí; el día anterior, miércoles 14 de diciembre, López Obrador, en modo López Obrador, decía: ‘Es gente muy deshonesta, hay que seguir informando, no dejarles libre el terreno’…”, y reprodujo la cita tumural de López Obrador.

Miriam —“que me acompañó tantas veces en las audiencias en este proceso”, acotó Ciro— recordó que esa noche no le importó la nota, sino la víctima, y se puso enseguida a lo que su jefe querría: reportear.

Lo más exquisito de las intervenciones fue cuando Joaquín hizo ver que “tu atentado nos hizo más vulnerables a todos” y que, ignorados hasta hoy los motivos, la identidad o identidades de quien o quienes quiso o quisieron asesinar a Ciro, los cuatro coincidieron en que el agresor más evidente y constante fue López Obrador, cocinero del caldo de larvas en que se produjo el atentado.

También López-Dóriga dio pie para el gran final, porque Gómez Leyva vive “afortunadamente y gracias a Dios. Aunque Ciro diga que ‘es la suerte’, yo siempre he dicho que gracias a Dios. Es por el blindaje que traía la camioneta y efectivamente, porque seguramente Dios lo estaba acompañando, porque ‘la suerte’ habría sido otra (…). Te entiendo, Ciro, pero vamos a hablar de la suerte: no soy de los que van a misa, pero soy de los que creen en Dios. Cada vez que te digo ‘fue un milagro’ me dices: ‘Fue la suerte’, y hay quienes dicen hay que darle gracias a la vida. ¡No!, estás viviendo esa otra vida en la que no crees, fue una resurrección, porque técnicamente, de acuerdo con el complot, tenías que haber muerto esa noche. Te tiraron a matar (…). Que el blindaje, que porque eran balas expansivas, ¡no, Ciro!, esas son explicaciones que se busca uno. Hoy estamos aquí”.

Y concluyó:

El que se decía inmortal y que trascendería en la historia, hoy está escondido, porque no puede salir”.

Pese a estar estremecido, Ciro no dejaba de sonreír.

Lo mejor de todo, en fin, es que sus agresores fallaron. No pudieron matarlo…