De paso se vuela los derechos constitucionales de muchos mexicanos de los estados fronterizos, a los que nunca nos ha asustado el doble pasaporte
Normalmente digo aclarando amanece, antes de comenzar, y cuando el tema que voy a abordar me toca personalmente. Yo soy orgulloso portador de ciudadanía doble, asunto que la señora presidenta con A de mujer, que no tiene mayor cosa que hacer, ha colocado en la mesa de las discusiones del país en estos días.
Yo tengo certificado de ciudadanía de dos países, y estoy muy contento y orgulloso de mis dos ciudadanías y mis dos pasaportes. O oséase, que soy de los dos lados; o no soy de aquí, ni soy de allá. Tengo doble nacionalidad.
Porque quiero. Y porque puedo.
Porque, aunque he residido en varios lugares del mundo occidental, los países de los que soy ciudadano me son más gratos, porque ahí pasé los periodos más prolongados y fructíferos, en todos sentidos, de mi vida. Ah, también porque de ninguna manera quiero ser gobernador de mi estado, Nuevo León, ni suceder a Claudia Sheinbaum en su lucrativo negocio, quiero decir, empleo.
Ni lo mande Dior.
En la diarrea legislativa que a doña Claudia le invade, acaba de enviar, dijo, una iniciativa para modificar la Constitución, exigiendo que los que tengan una doble nacionalidad —ora yo— renuncien a la segunda, antes de registrarse como candidatos a cualquier gubernatura de un estado de la federación mexicana, o a la presidencia de la República.
La Constitución mexicana (artículos 30, 31 y 37) no menciona —como la señora Sheinbaum sí— el término nacionalidad, sino ciudadanía. Tiene razón, aunque la ley de ciudadanía que los regula, ya lo hace. Pese a la fácil confusión, ciudadanía es un término de derechos jurídicos, principalmente votar y ser votado; nacionalidad es un concepto más amplio con implicaciones éticas y de pertenencia a un ente más valioso que se llama Nación.
Nacionalidad es un término que aparece en el artículo 82 constitucional, sobre las características que debe tener el presidente de la República. Originalmente decía, el ser mexicano por nacimiento y además hijo de padre y madre mexicanos por nacimiento. Se modificó en julio de 1994, cuando mi muy querido y recordado profesor Carlos Hank González, a quien iba dirigida la reforma, ya no andaba en esos trotes. Murió en el 2001.
La actual iniciativa de la señora Sheinbaum es igualmente idiota que la reforma de 1994; tiene un destinatario explícito y daños colaterales múltiples. El escopetazo de doña Claudia apunta a Francisco Javier Cabeza de Vaca, que gracias a su doble ciudadanía vive en Texas, fuera de las garras del cuatrote que lo pretende meter al tambo porque se atrevió a decir que quiere ser presidente de México.
Nada más que el disparo de la «reforma Cabeza de Vaca» se lleva de un plumazo los derechos constitucionales de millones de mexicanos, que tienen ciudadanía de México y los Estados Unidos, viven allá, y mandan remesas a sus familiares pobres mexicanos a cambio de que la presidenta les llame «héroes», mientras les corta las alas por si quieren ser votados como dice doña Constituchona.
De paso se vuela los derechos constitucionales de muchos mexicanos de los estados fronterizos, a los que nunca nos ha asustado el doble pasaporte.
Los patriotas defensores de la soberanía nacional y las ideotas de la señora Sheinbaum van a aprobar la iniciativa presidencial, con Inzunza o sin Inzunza. Con singular entusiasmo. De la misma manera en que votaron unánimemente por la prohibición constitucional de los vapers, por el simple y nada nimio motivo de que el hijo menor de AMLO se las tronaba en Palacio Nacional con ese sucedáneo del tabaco. Van a mochar los derechos constitucionales de quien se deje.
Creo que ya dije, que al cabo que ni quería.
PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): No es nuevo el chisme que a propósito de la doble nacionalidad circula por ahí, y que tiene que ver con eso de que no es inteligente escupir hacia arriba: Las leyes de Newton son muy cabronas.
Dícese que se dice, que la señora presidenta con A de mujer, podría tener doble nacionalidad: la mexicana por un acta de nacimiento, que dicen los que dicen que la han visto, afirma que nació en la Ciudad de México, cuando oficialmente (1962) se llamaba Distrito Federal.
De lo que no hay duda es de los antecedentes étnicos asquenazí. Carlos Sheinbaum Yoselevich nació oficialmente en Jalisco con ascendencia judeo-lituana, y Annie Pardo Cemo habría nacido en Bulgaria y llegado a México a los diez años. Claudia podría escoger la combinación de México con Lituania o Bulgaria, como han escogido tantos nietos y biznietos del exilio español por la ciudadanía ibérica, y de paso europea. Dicen que doña Beatriz Gutiérrez Müller ya metió sus papeles en Madrid. Dicen.
Lo cual no es ninguna vergüenza, ni impedimento legal para nada, en este país bello, comprensivo, generoso, pródigo, magnánimo, altruista, dadivoso.
Tanto, que a mí me permite sin paparruchadas, tener dos pasaportes. Y a la señora presidenta cambiar la Constitución como y cuando se le chingue la gana.
¡Qué lindo país!
