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No le tocará al siguiente gobierno administrar a la gallina de los huevos de oro, hay lastres económicos que tienen que ser corregidos para evitar una parálisis o una crisis mayúscula.

Y ciertamente a los que habrán de asumir el poder dentro de 152 días lo que les queda, para no desatar a los demonios de las crisis financieras y económicas del pasado, será hacer un planteamiento sensato de cómo le harán para que, con tan baja recaudación, tan pocos recursos disponibles para asignar en el presupuesto y con tantas promesas de gasto a manos llenas no provoquen una catástrofe.

Los populistas de antes tenían margen para administrar la abundancia. Y aun con una población reducida, con finanzas públicas sanas, con baja deuda y con ingresos petroleros elevadísimos, quebraron al país.

A un populismo moderno le basta un mal discurso para provocar una estampida hacia la puerta de salida de los mercados mexicanos.

Lo que tenemos es una larga lista de promesas de gasto, sin una sola palabra de cómo aumentar los ingresos.

Nadie en las campañas le hecha un ojo a los datos duros, porque todo fue muy pasional. Pero ahí están publicados los precriterios económicos para el 2019 y lo que hay es un paquete económico que contempla recursos escasos, que en su gran mayoría ya están asignados a compromisos previamente adquiridos.

Y que ni se quejen, porque entre los gastos a los que no se puede renunciar están los planes de pensiones que tanto gustan a los grupos de izquierda. Además del servicio a la deuda y una larga lista de compromisos a los que el próximo gobierno federal no podrá renunciar, salvo que tenga deseos de provocar un infierno financiero en el país.

Hay un margen muy reducido para la reasignación del gasto programable que incluye dejar sin celulares a los funcionarios y sin avión al presidente. Pero que nunca alcanzará para esos programas sociales de ensueño que se vendieron a los ingenuos electores.

Y del lado del ingreso la recaudación fiscal es un ridículo mundial. De hecho, siempre ha sido la alternativa tributaria una buena salida para aumentar los ingresos. Pero, salvo que se dé una auténtica metamorfosis más radical que la de Franz Kafka, no hay manera de que los que llegan se animen a tocar a sus electores con el pétalo de un aumento al IVA, por ejemplo.

Al contrario, en la lista de pedidos a los Reyes Magos, ésos que votaron el domingo, hay una baja en los impuestos fronterizos, un regreso a los subsidios a los combustibles y algunas otras aberraciones fiscales.

La única salida que le queda a la salud de las finanzas públicas es que se utilice el capital político para aumentar los ingresos por la vía fiscal, que se rediseñen muchos esquemas de pensiones que siguen sangrando las finanzas públicas y que se recomponga el gasto social a través de la eliminación de miles de programas dispersos.

El adorno de la reducción del gasto corriente aporta muy poco en realidad al gasto social o de infraestructura, porque buena parte de ese gasto corriente es para salarios de maestros y servidores públicos de base. Pero pueden lucirse con eso de viajar en el Metro y no en camionetas.

Debe quedar claro que el gobierno de Peña Nieto no va a dejar la economía prendida con alfileres, porque eso será parte del discurso. Y los que llegan pueden venir a tejer fino para hacer las cosas bien, o repartir machetazos para destruirlo todo.