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La noticia llegó muy temprano la mañana del viernes pasado, la economía de Estados Unidos, que ya mostraba signos de desaceleración con la primera lectura del Producto Interno Bruto (PIB) del primer trimestre, generó menos empleos de los esperados durante el pasado mes de abril.

Tan pronto como los mercados conocieron ese dato, ¡estallaron de alegría!

Los futuros de los índices bursátiles subían, los precios de los refugios como el oro bajaban, bueno, hasta el peso mexicano tenía una recuperación notable, después de algunas semanas difíciles.

Y no es maldad, es pragmatismo el que priva entre los participantes de los mercados financieros cuando un dato como el de las nóminas no agrícolas muestran que quizá no deba esperar tanto tiempo el Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal para iniciar con su proceso de baja de las tasas de interés.

Resulta que el mercado esperaba que en abril pasado la economía estadounidense creara 238,000 nuevas plazas laborales, pero se crearon solo 175,000 y la tasa de desempleo se elevó a 3.9% de la población habilitada para trabajar.

Este dato, junto con la desaceleración del PIB y otros indicadores industriales, muestran la realidad de una economía en desaceleración durante, ya, el primer cuatrimestre del año.

México no muestra una realidad muy diferente en materia económica, hay una desaceleración. Nadie está pensando en auditar los datos del Inegi, verdad, pero es evidente que una baja en el ritmo económico estadounidense se refleja de inmediato en este país.

De hecho, con cifras comparables, y en números redondos, la economía mexicana habría crecido 2% en términos anuales al cierre del primer trimestre y la de Estados Unidos 3 por ciento.

El dato del desempleo en México es un tanto engañoso por lo flexible que representa ese indicador al momento de considerar a una persona ocupada.

Por eso, con una economía en desaceleración resulta que la tasa de desocupación que mide el Inegi bajó en marzo pasado al mínimo histórico de 2.3% de la Población Económicamente Activa (PEA), sin embargo, esto no dimensiona de forma correcta la realidad laboral mexicana.

Es mejor el indicador de la subocupación, que habla de aquellos que quizá tengan un trabajo, pero tienen disposición y necesidad de tener más empleo, esa tasa fue de 6.5% de la PEA.

De hecho, es el gobierno el que más empleos ha generado durante los últimos meses y no precisamente cubriendo las vacantes en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación o en el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, sino más bien para alimentar la tropa de los que usan chalecos guindas en estos tiempos electorales.

Hasta ahora, la inversión, dentro de ella la construcción, y el consumo han sido el soporte del crecimiento al arranque de este año electoral.

La meta gubernamental no es la creación de empleos duraderos y bien pagados o el crecimiento de la economía, el objetivo de este régimen está a la vista a menos de un mes de distancia.

Habrá que ver, después de las votaciones del dos de junio, cuál es el comportamiento de los indicadores que hoy están contaminados descaradamente con los planes electorales del régimen.

Con una economía en desaceleración resulta que la tasa de desocupación que mide el Inegi bajó en marzo pasado al mínimo histórico de 2.3% de la PEA, sin embargo, esto no dimensiona de forma correcta la realidad laboral mexicana.