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Esos tres políticos morenistas son de quinta. Se desprestigian a sí mismos y a su partido. Nada bueno aportan a la llamada Cuarta Transformación.

Félix Salgado Macedonio ya no está solo en el “cuadro de horror” de Morena. Ya no es el único tristemente célebre del Movimiento de Regeneración Nacional.

Ahora lo acompañan David Monreal Ávila, candidato a la gubenartura de Zacatecas, y el diputado federal Benjamín Saúl Huerta Corona.

Sus bajezas personales, evidentes o supuestas, han dejado al descubierto cuán ruin puede llegar a ser la miseria humana.

Cuando pensábamos que lo de Félix era insuperable, se dinfundió el video de un acto de campaña de David Monreal en el que aparece “manoseando” (por decirlo con delicadeza pero claramente se ve que es más grotesco) a Rocío Moreno, candidata de Morena a la Presidencia Municipal de Juchipila, Zacatecas.

Tras el escándalo, la señora Moreno negó que se tratara de un “tocamiento” y dijo que no permitiría que la utilizaran para dañar a David Monreal o a su partido.

Cuestionado, el presidente López Obrador dijo que no lo había visto y que “ya no es prudente opinar sobre estos casos porque estamos en plena temporada electoral, entonces hay muchos cuestionamientos en todos lados, acusaciones, dimes y diretes”.

Lo del diputado Benjamín Saúl Huerta Corona rebasa los límites imaginables.

El miércoles fue detenido y presentado ante el Ministerio Público de la Ciudad de México, acusado por un adolescente de 15 años de edad, de abusar sexualmente de él.

Denunció que venía con el diputado Huerta, desde Puebla, pues le había ofrecido trabajo. Aseguró que le dio una bebida que lo mareó y cuando se dio cuenta estaba con el diputado desnudo, siendo abusado.

Horas después, el diputado federal de Morena dio su versión en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Se dijo víctima de un intento de extorsión y de chantaje, que las pruebas periciales a la presunta víctima no evidenciaron ninguna agresión y que por eso lo habían dejado en libertad.

La madre del menor de edad apoyó a su hijo y exigió justicia. Se dijo amenazada al igual que su familia “porque el señor es mucho muy influyente”. (Se difundió una llamada donde el diputado pide que no lo destruyan y ofreció un acuerdo económico. También trascendió que no sería la única acusación de abuso, que habría cometido).

La secretaria general de Morena, Citlali Hernández, pidió al diputado Huerta que solicitara licencia y enfrentara las acusaciones.

La noche del jueves finalmente anunció que renunciaba a su intención de reelegirse como diputado.

En este caso, el mandatario fue rotundo: “Como Presidente de la República, condeno cualquier abuso sexual, abuso en contra de la dignidad de las personas, crímenes de odio, feminicidios. (…) El que comete un delito debe ser castigado, porque no somos iguales. No vamos a encubrir”.

Esos tres políticos morenistas son de quinta. Se desprestigian a sí mismos y a su partido. Nada bueno aportan a la llamada Cuarta Transformación.

Monitor republicano

En torno a lo de David Monreal, una conocida activista publicó: “… les daré un tip feminista: cuando una mujer dice que hubo consentimiento y no se sintió agredida, se le cree y ya”.

Me parece que es un principio totalmente atendible pero me pregunto si también es aceptable cuando la “no agresión” ocurrió en un evento público, ante las miradas de otros, cuando hay un testimonio en video, visto por miles o quizás millones, y la “no víctima” tiene que salir a defender a su “no agresor” por convicción, por conveniencia o por presión. Como sea, para las víctimas y quienes defienden la causa feminista, mi respeto y solidaridad.