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El martes pasado recibí un mensaje en watsap o como se escriba, aparentemente de mi a veces vecino Eduardo Lira Mora. Me pedía que le ayudara a hacer una transferencia bancaria y que él me la retribuiría en 6 horas.

Comparto mi respuesta, en la misma red, solamente para que sea ejemplar: “Con muchísimo gusto y entusiasmo. Solamente dime cuánto necesitas,  y yo  te lo transfiero a la cuenta en el banco de Panamá o Bermudas que me indiques”.

Dice Bertha, mi mujer,  que le debí haber agregado que ya reporté a la policía cibernética todo este asunto. Lo único cierto es que no he tenido respuesta.

Me queda claro que la mayoría de los humanos que tenemos acceso a una computadora, o a uno de esos teléfonos que son más inteligentes que nosotros, en más de una ocasión ha recibido invitaciones electrónicas para no solamente salir de su pobreza -que el gobierno dice que ya se fue- sino que además llegar a la fácil e inmediata riqueza opípara.

En el amplio universo de las redes sociales, hay titipuchal de tentaciones.

Una de las modalidades más frecuentes, en lo que yo he visto, es la aparición de un personaje muy bien conocido. Por ejemplo y lo he visto muchas veces, Carlos Slim Helú. No necesita introducción.

La imagen y la voz, que han sido fabricadas  gracias a las nuevas herramientas de la Inteligencia Artificial, nos da consejos para una enorme y fácil riqueza, al través de una inversión mínima  para asegurarnos de un ingreso firme y mensual de más de cien mil pesos. Los que caen en la trampa y despositan sus pesitos no saben dónde está su ilusión.

Otra de las plataformas de este garlito se llama Plata Card. Aprovechando la facha y la voz de gente famosa y usadas por la inteligeci artificial, prometen casi el Paraíso.

Yo me metí ahí porque, afortunadamente y por mi edad, nadie me da una tarjeta de crédito. Me mandaron por un tubo en lo de la tarjeta, pero me ofrecen invertir en Plata Card: Dos mil pesos de entrada; ganacias de 103 mil pesos al mes, mientras yo me rasco el escroto y espero los depósitos de los dividendos.

Tuve la suerte de estar ahí, por la calle 44: cantaba en Broadway Liza Minelli -pobrecita actualmente-  junto a Joel Grey, la canción más importante del musical Cabaret: el dinero es lo que mueve al mundo.

Me puse a interrogar, ¿cómo es posible que esquemas tan obviamente falsos y que prometen ganacias enormes, no sean detectadas por las posibles víctimas?: no hay nada gratis en este mundo. Hace varios años el esquema Ponzi, que en México conocimos como la pirámide dejó a un par de vivos con muchos millones y a cientos de miles encabronados. Y no duden que surja pronto una nueva modalidad de la pirámide.

El asunto es muy simple y es uno de los pecados capitales.

Es el número dos y se llama avaricia.

PILÓN: PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Taylor Swift, que tiene mil seiscientos millones de dólares, sa va a casar con el jugador de americano Travis Kelce, que nomás tiene noventa millones. El anillo de compromiso que le dió y mostraron, vale medio millón.

Otra que se me va por falta de lana.

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