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Cuando hace poco más de un año se daba la discusión con más intensidad sobre la necesidad de elevar el salario mínimo, una organización del sector privado tomó la voz cantante e hizo de este tema su bandera.

Más allá del uso político que le dieron las autoridades de la Ciudad de México, que se olvidaron de los graves problemas de la capital para hacer campaña con el salario mínimo, la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), le dio notoriedad a este tema, que terminó con un aumento mediocre al minisalario.

Es un hecho que este activismo del sindicato patronal generó inconformidad entre otras agrupaciones del sector privado que se vieron rebasadas y relegadas en ese protagonismo que tanto les gusta.

Por eso es que ahora el populismo amenaza con echar para atrás las reformas estructurales y obras de infraestructura tan determinantes como la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) vio la oportunidad de colgarse del tema.

O puede ser que también quisieran lavarse la cara ante aquel candidato después de haber sido los creadores de aquella campaña, que hoy muchos dan por válida, de que el señor López era un peligro para México. O quizá sólo se subieron al tema desde su perspectiva naíf de querer contribuir políticamente sin medir las consecuencias.

Como sea, los representantes de la llamada cúpula empresarial han cometido un error garrafal al validar una discusión que no existe: la viabilidad del NAICM.

Se han puesto de tapete de quien ya se siente presidente y han anulado a los otros candidatos presidenciales al rendir pleitesía a las ideas autoritarias de un populista que pretende borrar todo avance que haya tenido el país. Avalan que ese personaje quiera gobernar desde hoy a su antojo.

Lo que parecen ignorar tanto Juan Pablo Castañón, presidente del CCE, como los rupturistas, es que ya se discutió ampliamente la conveniencia, tanto de llevar a cabo la construcción del nuevo aeropuerto, como la conveniencia de la reforma energética.

Esa idea de juntar a los técnicos para hablar del proyecto ocurrió desde el 2014 cuando se llevaron a cabo foros abiertos para discutir del tema antes de la primera piedra. Como por ejemplo, aquel al que convocaron entre otros el Instituto Mexicano para la Competitividad, para crear desde el 2014 el Observatorio Ciudadano para el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Y como éste, varios más.

Discusiones a tiempo del proyecto que determinaron su viabilidad. No sin antes escuchar los argumentos en contra que al final no prevalecieron.

Con la reforma energética sucedió lo mismo. Desde el 2013 se llevaron a cabo discusiones, algunas incluso muy acaloradas donde se plantearon las consideraciones técnicas, económicas y políticas de la reforma. Todo antes de mover un dedo en el Congreso.

El NAICM es un proyecto discutido, viable, en marcha y para el que no hay que llevar técnicos del populismo para que lo avalen.

El CCE decidió hacer campaña del lado de los que quieren destruir todo lo que se ha hecho. Optaron por avalar una locura que suena a capricho. ¿Miedo, ignorancia, declaración política? ¡Quién sabe! Pero ya está hecho.

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