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Tiene mucha utilidad, por ser un esquema lleno de sentido común, la manera como Credit Suisse describe las cuatro fases por las que, hasta ahora, ha transitado la economía mundial condicionada por la pandemia del Covid-19.

Aunque quizá cuatro fases no alcancen si la velocidad de los rebrotes plantea escenarios de emergencia hasta hoy no contemplados. De ser así, deberán añadir una fase cinco y hasta una seis. En fin.

La primera fase fue aquella de los países transitando a un ritmo económico sin los efectos de la enfermedad, pero con un lento ritmo de aprendizaje de lo que venía. Desde China con su, quizá deliberada, lenta respuesta al brote inicial en Wuhan. Europa, Estados Unidos y, de nuestro interés, México con sus estrategias de “no se dejen de abrazar” y protéjanse con su “detente”.

La siguiente fase fue aquella del pánico, en las calles y en los mercados. Fueron aquellos días de dólares a 25 pesos y precios del petróleo negativos. Vamos, hubo muchos más efectos, pero estos dos serán episodios de los mercados que difícilmente olvidaremos.

En esa segunda fase se inscriben los resultados económicos del segundo trimestre del año. Aquellas caídas históricas que dieron paso a la tercera fase: la de los rebotes históricos.

El tercer escalón es ese que ahora alegra tanto al presidente Andrés Manuel López Obrador. Porque si en plena fase del pánico este gobierno no tenía una estrategia clara, pero sí tenía otros datos, en el rebote lo que quieren que creamos es que les funcionó su planeación y que estamos en franca recuperación. Rebote no es recuperación, esa es la siguiente fase.

Sinceramente, la fase cuatro, más que la etapa de recuperación es la de las interrogantes. Desde las más básicas, como saber si el invierno traerá aumentos exponenciales no vistos en la primera ola de la pandemia.

Otra pregunta fundamental será saber si habrá vacunas efectivas en el corto plazo. Si esas vacunas se podrán producir de manera masiva. ¿Cuánto tiempo tardará una insaculación masiva para generar inmunidad de rebaño? En fin, la economía depende de estas respuestas.

Cuando lleguen las respuestas médicas, se podrán hacer las preguntas económicas.

Lo que sí queda claro es que para México levantarse económicamente a niveles previos a la crisis será un proceso lento. Y si pensamos en que la economía mexicana pueda regresar a su condición previa a la 4T, pues eso tardará mucho más.

México falló en planear las estrategias sanitaria y económica de la fase uno. Eso repercutió en el tamaño de la caída en la fase dos. Pero las subestimaciones determinaron un rebote menos dinámico en la fase tres. Y una interrogante total sobre cuándo lograr la recuperación de la fase cuatro.

La nueva apuesta gubernamental, más por iniciativa de la Cancillería que de la Secretaría de Salud, es confiar en las vacunas. Comprarlas donde sea y al precio que sea para generar inmunidad de rebaño rápido y a partir de ahí emprender la recuperación.

Si la estrategia funciona, el problema será que las fallas de las tres fases previas han destruido tanto el tejido social y económico que habrá que ver qué tanto tiene que reconstruirse antes de una recuperación plena.

Fases a la mexicana

• La primera fase fue aquella de los países transitando a un ritmo económico sin los efectos de la enfermedad, pero con un lento ritmo de aprendizaje de lo que venía. Desde China con su, quizá deliberada, lenta respuesta al brote inicial en Wuhan. Europa, Estados Unidos y, de nuestro interés, México con sus estrategias de “no se dejen de abrazar” y protéjanse con su “detente”.

• La segunda fase fue aquella del pánico, en las calles y en los mercados. Fueron días de dólares a 25 pesos y precios del petróleo negativos. Hubo otros efectos, pero estos no se olvidarán.

• En la tercer fase, esa que ahora alegra tanto al presidente, porque si en plena fase del pánico este gobierno no tenía una estrategia clara, pero sí tenía otros datos, en el rebote lo que quieren que creamos es que les funcionó su planeación y que estamos en franca recuperación. Rebote no es recuperación.