El gobierno ruso de Vladimir Putin subió su apuesta expansionista y ahora una guerra en Ucrania parece más cercana. La primera noticia de los efectos adversos la tenemos en los mercados financieros, pero no serán los únicos impactos que habrán de llegar hasta México si ese conflicto se agrava.

Lo ideal sería tener un liderazgo nacional que asumiera un discurso de unidad, de estrategia y control de daños ante los efectos indeseados de un conflicto que se desarrolla muy lejos de nosotros.

Pero no, en este país hay un puesto vacante en una plaza ocupada y dentro de la inducida división nacional, hay que buscar la manera de comprender y enfrentar una nueva crisis aparentemente lejana, pero que amenaza con volvernos a afectar en lo personal.

Porque, si lo vemos bien, ese conflicto no es tan lejano. Estamos en la antesala de una guerra en Europa. Un conflicto que involucra de manera directa a las cuatro principales potencias económicas, financieras, militares y nucleares del mundo.

Rusia, el protagonista central de esta amenaza en ciernes sobre Ucrania, logró el respaldo del gobierno de Xi Jinping de China. Mientras que, del otro lado, la voz cantante de la Organización del Tratado del Atlántico Norte es Estados Unidos. Y, claro, Europa, que sería el teatro de las operaciones militares.

Durante varios días hemos visto el comportamiento errático de los mercados financieros que son poco resilientes ante eventos de esta magnitud. Un primer impacto cercano estaría en el precio de las acciones bursátiles y de otros indicadores tan consentidos de este régimen como el tipo de cambio.

Pero en el centro del conflicto, además de los tanques y los aviones, están los recursos energéticos. Tres cuartas partes del gas que importa Europa viene de Rusia, hay países como Finlandia que compran 94% del gas a Rusia y Alemania es el cliente más grande de la principal gasera del país que gobierna Putin.

Los precios del petróleo están de vuelta en niveles cercanos a 100 dólares por barril, un nivel no visto desde el 2014 y esto presiona los precios de todos sus derivados.

En México, en términos de finanzas públicas hay un efecto mixto entre los mayores ingresos por la exportación de petróleo crudo, el mayor gasto por la importación de derivados, como la gasolina, y la pérdida de recursos fiscales por el subsidio al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a las gasolinas.

Como consumidores, con el margen de subsidio al IEPS agotado, lo que sigue es que se sienta en el bolsillo el aumento en el precio de las gasolinas, del gas LP y otros derivados.

Todo esto genera presiones inflacionarias adicionales a las que ya tenemos, esto implica que el Banco de México deba mantener una política monetaria más restrictiva y con ello retrasar más la recuperación económica, que no se acaba de concretar por la enorme desconfianza interna que se alimenta cada mañana.

La ausencia de un liderazgo nacional no implica que México se desconecte del mundo. Una pandemia, una guerra, una crisis financiera global tiene efectos en todos, independientemente de que una autoridad local sólo quiera ver por sus propios intereses y los de su camarilla.