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En marzo del 2020 el presidente Andrés Manuel López Obrador se detuvo en La Rumorosa, en Baja California, y desde lo más profundo de sus dogmas dijo que los ventiladores, como le llama a los aerogeneradores, afean el paisaje natural y que sólo son negocios privados.

Son tan absurdos y se saben tan impunes que un secretario de Medio Ambiente de este gobierno dijo que esas turbinas generadoras atrapaban el aire de las comunidades indígenas. La ignorancia y el abuso.

Su apuesta energética estaba clara, desprecio a las inversiones privadas, una contrarreforma energética que devolviera los monopolios estatales, la negación del cambio climático con su privilegio al uso de combustibles fósiles.

López Obrador hizo todo lo que pudo, legal o ilegal, para marginar a los participantes privados del mercado eléctrico, sin importar si violaba los acuerdos internacionales, la Constitución o el sentido común, todo por su declarado desprecio a los capitales privados.

Jugó a la retórica de la nacionalización cuando compró, en un muy buen precio para Iberdrola, 13 plantas eléctricas. México no consiguió más capacidad generativa, sólo gastó 6,200 millones de dólares y, de paso, la empresa española se deshizo de más de una decena de plantas contaminantes que le permiten cumplir los compromisos de reducción de emisiones de la Unión Europea.

Todo ese cúmulo de malas decisiones que ha tomado López Obrador en materia eléctrica hoy pasa factura a los ciudadanos.

No sólo porque México está impedido para atraer inversiones del llamado nearshoring, porque no hay energía eléctrica suficiente, sino porque López Obrador al final de su sexenio nos deja sin luz.

En este régimen siempre alguien más tiene la culpa, el enemigo favorito de esta autocracia es el pasado, pero ahora es el calor. Pero no, los apagones de ayer tienen que ver con un elevado consumo que no encuentra la suficiente capacidad de producción en el monopolio de la Comisión Federal de Electricidad.

Desde la tarde del martes se acabaron las reservas de energía eléctrica y se tuvo que declarar el Estado Operativo de Emergencia y 16 estados se quedaron sin luz.

En Palacio Nacional no se enteraron porque como parte de “lo que gana el Presidente” los ciudadanos le pagan generadores emergentes de energía eléctrica que le garantizan el suministro.

Pero millones de personas sí tuvieron que padecer la realidad de ver cómo sus alimentos se pudrían en sus refrigeradores y no servían sus focos y ventiladores.

El colapso del martes será la constante si se mantiene la política lopezobradorista de despreciar las energías limpias, despreciar a los generadores de energía privados y de poner en manos de gente impresentable el sistema energético nacional.

Lo que sigue, y no es una posibilidad, sino una realidad, es que se van a implementar apagones controlados. Sí, como en Venezuela o Cuba. Y como en esas dictaduras, seguramente nos enteraremos en el momento mismo en que no tengamos energía eléctrica en la casa, en el negocio o en la fábrica.

Nada de esto es fortuito, no es verdad que es culpa del calor cuando claramente hay proyecciones de uso de energía eléctrica en las diferentes estaciones del año, esto es producto de las malas decisiones, dogmáticas, mal informadas y caprichosas de una sola persona.