México dividido

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Leopoldo GómezTercer Grado

Una encuesta de Consulta Mitofsky indica que en Sinaloa las opiniones son más favorables a la decisión de liberar a Ovidio Guzmán que en el resto del país

Que el operativo para capturar a Ovidio Guzmán fue un fracaso, hasta el gobierno lo reconoce. La mala planeación dejó efectos desastrosos: una ciudad en pánico, secuestrada por el crimen organizado, fuga de reos, muertos, heridos y el detenido, libre.

A juzgar por lo que ha circulado en redes y por las columnas en los diarios, el saldo fue extraordinariamente adverso para el gobierno.

Y, sin embargo, las encuestas que se han difundido hasta ahora presentan un panorama distinto, con una opinión pública nacional dividida casi a la mitad en lo que toca a las evaluaciones sobre el manejo de la situación por parte del gobierno.

De entrada, hay importantes diferencias regionales. Según una encuesta telefónica de Consulta Mitofsky (http://consulta.mx/index.php/estudios-e-investigaciones/mexico-opina/item/1177-culiacan-seguridad), en Sinaloa las opiniones son mucho más favorables a la decisión de liberar al detenido que en el resto del país. Allí es prácticamente unánime la opinión de que el saldo habría sido peor de haberse actuado de otra manera.

Pero el dato más interesante es que las evaluaciones en general están drásticamente definidas por las identidades partidistas. Mientras 97 por ciento de los simpatizantes de Morena cree que el gobierno hizo bien en liberar al detenido, 90 por ciento de los panistas y priistas piensa lo contrario.

En cuanto al presidente López Obrador, 97 por ciento de los morenistas dice que su imagen mejoró o se mantuvo igual de bien, mientras que 95 por ciento de los panistas estima que empeoró o se mantuvo igual de mal. Y así con el resto de las evaluaciones sobre la actuación del Gobierno.

La situación es muy parecida a la que prevalece en Estados Unidos. Eventos que, a juzgar por lo publicado en los medios, serían muy negativos para Trump no suelen afectar su popularidad entre su base.

Allá como acá, la identidad partidista filtra y acomoda los hechos.

Nada muy grave mientras solo sean diferencias de opinión sobre una realidad compartida. Mucho más serio, sin embargo, si, como ya pasa en Estados Unidos, esas filiaciones fracturan el consenso sobre la realidad misma, pues es entonces cuando el debate se torna irracional.

Ojalá que México se aleje de esa ruta y no quede así de dividido.


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