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He leído un retrato profético del gobierno actual de México en un texto publicado en el año 2017.

Se trata, dice aquel texto, de un gobierno antielitista, donde todos los errores vienen de “las élites que gobernaron antes”.

Es también un gobierno antipluralista, en el sentido de que “él y sólo él representa al pueblo”. Quien no apoya a este gobierno no es “propiamente parte del pueblo, siempre definido como recto y moralmente puro”. Cuando estaba en la oposición, este gobierno “retrataba a sus rivales políticos como parte de la élite corrupta e inmoral”.

Ahora que está en el gobierno, “se niega a reconocer la legitimidad de cualquier oposición”, pues esta sigue siendo solo una “parte de la élite corrupta”.

Este gobierno “fomenta el conflicto y alienta la confrontación”. Se “esfuerza sistemáticamente por suprimir a la sociedad civil”. “Tiende a ser severo con las organizaciones no gubernamentales que lo critican”. Quiere “ahorrarse al intermediario”, “depender lo menos posible de complejas organizaciones partidistas”, “prescindir de los periodistas”, y tener “representación directa”. Sostiene “que hay un solo bien común, que el pueblo puede discernir cuál es y procurárselo, y que el político puede instrumentarlo como política inequívoca”.

Para este gobierno, “el pueblo puede hablar con una voz y emitir algo parecido a un mandato imperativo que les diga a los políticos exactamente lo que tienen que hacer con el gobierno”.

Este gobierno busca controlar los otros poderes y los órganos autónomos: “tiende a colonizar el Estado”. Practica un “clientelismo de masas” mediante el cual se otorgan “favores materiales e inmateriales de las élites a cambio del apoyo político de las masas”. La contraparte de este clientelismo de masas es un “legalismo discriminatorio, o sea la postura de que Para mis amigos, todo; para mis enemigos, la ley”.

Este gobierno desconfía de las instituciones, porque “incluso si parecen democráticas, algo sucede tras bambalinas que permite que las élites corruptas continúen traicionando al pueblo”. Victorioso, suele portarse “como una víctima”, alude a ”oscuras maniobras de la oposición” y está “en campaña permanente”.

El retrato profético completo en Jan Werner Muller: ¿Qué es el populismo? (Grano de Sal, 2017).