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Durante el predominio del PRI, conforme se acercaba el final de un sexenio, era usual entre la clase política decir que al presidente se le saludaba con la frase que encabeza esta columna: “Menos días señor presidente, menos días”.

La verdad es que nadie se atrevía, ni siquiera sus íntimos, a usar tal salutación. Lo que sí se hizo usual era hablar mal y criticar al saliente como si con ello se halagara al entrante. Se popularizaron frases como: Sobre el caído, patadas. El que recién bailó en esta se sienta. Un caso excepcional fue el del excelente epigramista Francisco Liguori (1917-2003) que días antes que entrara en funciones el presidente Gustavo Díaz Ordaz, publicó este epigrama:: “Ya te vas López Mateos/ López Mateos te vas./ Mas te vas haciendo feos/ pues dejaste a Díaz Ordaz”. Contra la costumbre, en este caso el improperio fue para el presidente entrante a costa de su carencia de apostura.

Pero ya para entonces, la falta de guapeza del presidente electo era una característica de su personalidad, de la que él mismo se aprovechó para hacer un chiste: Se decía que los poblanos —y él aunque oaxaqueño de nacimiento se identificaba como poblano— tenían dos caras; lo que aprovecho para decir: “Si tuviera yo dos caras, ustedes creen que usaría esta”.

López Mateos era aficionado a los toros y al boxeo y cuando asistía a cualquiera de estos espectáculos, la gente lo ovacionaba. Ya siendo GDO presidente electo, y ALM de salida, lo llevó a una función de box en el Toreo de Cuatro Caminos. A la llegada de ambos, el público les aplaudió, poco acostumbrado a esto, Díaz Ordaz, sólo sonreía mostrando que con él la naturaleza fue extremadamente pródiga en lo referente a dentición. Cuando el aplauso bajo de volumen una estentórea voz se escuchó ¡Gustavo! ¡Se te está saliendo el protector!

Pero hoy los menos días son para Andrés Manuel López Obrador, cuyo sexenio deja una estela de paradojas y contrastes. Fue un gobierno ‘sui generis’ desde el punto de vista que se quiera. Hasta donde pudo concentró los mayores esfuerzos en el concepto, “primero los pobres”. De ahí que el salario mínimo se haya duplicado; que los programas sociales hayan adquirido carácter de derechos constitucionales; que se hayan hecho inversiones en el abandonado y necesitado sureste de la república; que los llamados despectivamente ‘ninis’ hayan pasado a ser los jóvenes construyendo el futuro; que el índice de desempleo se haya reducido sustancialmente.

También podríamos apuntar entre sus atributos, el vivir con austeridad; su falta de interés por acumular riquezas. Creo que fue un presidente honrado, él; no así algunos de sus colaboradores, familiares y amigos de éstos.

Su ángulo negativo es abultado. Creer que por decreto y con decir: “nosotros no somos iguales”, acabó con la corrupción, fue una mentira o una ingenuidad. En salud y en educación quedó a deber. En las mañaneras denostó a sus adversarios sin taza ni medida: neoliberales, conservadores, fifís, neoporfiristas, hipócritas —les dijo. Si bien, en su gobierno existió verdadera libertad de expresión, con el pretexto de su derecho de réplica criticó a todo aquel que no estuviera de acuerdo con él. No ejerció como presidente de todos los mexicanos, polarizó a la sociedad. “El que no está conmigo está contra mí”. Militarizó al país. Construyó obras faraónicas sin estudios de viabilidad y de impacto ambiental.

De los 11 presidentes que desde la temprana adolescencia he visto gobernar ha sido el más atacado por los medios de comunicación. Las fake news en su contra llegaron a niveles de escándalo. El sesgo de algunas y algunos periodistas en su contra fue profuso y evidente.

Ojalá y realmente se retiré y permita que Claudia Sheinbaum gobierne sin su intromisión.

Punto final (Epigrama)

Ya te vas Andrés Manuel. /Te vas sin llevarte nada./ A tu promesa se fiel: /vete ya pa’ la Chingada.