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Una de las características principales de un buen demagogo es su cinismo. Se trata de la habilidad retórica para hacer pasar mentiras como verdades indudables y regodearse en ello.

Aún hay quienes dudan de que Andrés Manuel sea un dictador; tal vez se trate, todavía, de un proyecto inconcluso a punto de realizarse con la joya de su corona que es la destrucción del sistema jurídico nacional, y su independencia de los otros poderes. De lo que no cabe duda alguna es de que es un perfecto demagogo.Eso sí, perfecto.

La manifestación más reciente de su cinismo demagógico es el sainete de foros de consulta para discutir el proyecto para dinamitar el poder judicial desde el más humilde ministerio público hasta la Supema Corte de Justicia de la Nación. Se trata de que el pueblo sabio elija por voto directo a más de cinco mil impartidores de justicia: o por lo menos de las personas que integran el primer contacto de Juan ciudadano con la ley.Esa es la esencia de la iniciativa presidencial que, como es el uso de la casa, se envió al Legislativo para su aprobación “sin cambiarle una coma”.

Ahora resulta que Lopitos reconoce que no es perfecto. “Me equivoqué, me equivoqué, me equivoqué” parecía cantar el otro día en su mañanera. Ya no insiste en que no se le mueva una letra a su iniciativa; se puede modificar, si los diputados y senadores consideran el texto perfectible. Y aquí el ejemplo.

Dice el presidente López -palabras más, palabras menos- que “se le chisporroteó” en su iniciativa un detalle: la exigencia de que para poderse postular al puesto de elección de impartidor de justicia, se debe tener en ese campo una experiencia mínima de cinco años. Una minucia, pues.

Ahora resulta que no. Lo pueden cambiar, señores legisladores. El autor del bodrio considera que no es necesaario tener experiencia alguna para juzgar, y que los recién egresados de la carrera de leyes aportarán, con su juventud, entusiasmo e inexperiencia, mayor calidad a sus decisiones.

Me cae que eso dijo. Con todo el cinismo posible, reconociendo que, aunque existan dudas, él es un ser humano, capaz de equivocarse. Y de reconocerlo. Y de dar marcha atrás, Y que le aplaudan por ello. Como diría la clásica doña Paz, “¿qué nos está pasando, Laureano?”

PARA LA MAÑANERA, porque no me dejan entrar sin tapabocas): Los resultados de las elecciones francesas en segunda vuelta han sorprendido a muchos y alarmado a algunos. Suma sumando, habrá nuevo premier francés y el legislativo quedará dividido en tercios más o menos equiparables entre la izquierda resurgida, la extrema derecha debilitada y el centro estable. ¿Qué tiene de malo? Absolutamente nada. La diversidad aternativa es uno de los componentes esenciales de la democracia. Aterradoras son las situaciones de países supuestamente democráticos en los que un partido político que gana el 56 por ciento de los votos se hace de la mayoría calificada en un Congreso gracias a las triquiñuelas del sistema electoral. Sí, como en México.