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Es más probable que los mercados estén atentos a la situación financiera de Pemex y a su uso como benefactor de la dictadura cubana que a los repetidos exabruptos de Donald Trump sobre el T-MEC.

Trump habla muy mal del pacto trilateral, pero su gobierno cumple a tiempo con los mecanismos de revisión contemplados por el propio acuerdo. Y si no reaccionan los mercados ante sus dichos es porque ya conocen su estilo acomodaticio de comunicarse con su clientela política.

Pero Pemex, la empresa petrolera más endeudada del mundo, es otra historia. Sobre todo, porque tiene la obligación de reportar ante la Securities and Exchange Commission (SEC) en cumplimento de las leyes federales de valores estadounidenses.

Ahí sí no hay que esperar a ver si se dignan a dar detalles en la Mañanera de la situación financiera de la empresa o de sus regalos petroleros a Cuba.

La compraventa de bonos de deuda en el mercado estadounidense los obliga a la transparencia y honestidad.

Pemex debe listar de manera clara aquellos factores que puedan hacerla perder dinero. Por ejemplo, y sin perder de vista este flagelo no resuelto, las pérdidas por el huachicol.

Debe quedar especificado el monto del rescate financiero con recursos públicos que incidan en el nivel de pasivos y, claro, Pemex tiene que reportar si realiza operaciones que violen sanciones de los Estados Unidos, como podrían ser las transferencias de petróleo a Cuba sin los mecanismos financieros adecuados o bajo esquemas opacos.

Y cuidado y Pemex omita, así sea por error, información obligatoria a la SEC, las consecuencias de un reporte falseado serían sanciones devastadoras para la empresa y con ella para todo el país, hasta el cierre al acceso a los mercados de capital de Estados Unidos.

Los principales interesados en la transparencia de los datos de Pemex, sus finanzas y sus regalos, somos los mexicanos.

Pemex, lo hemos comentado, es el principal riesgo financiero para el país en el futuro inmediato. Eso sin tomar en cuenta que se estima que para este año a cada mexicano nos toca aportar unos 1,960 pesos para cubrir desde las finanzas públicas el servicio de la deuda de la petrolera. Más lo que nos cueste mandar petróleo a Cuba.

Claro que en México se han derrumbado todas las opciones de transparencia y estamos sujetos a los otros datos matutinos.

La realidad es que la condición del país está más para derivar esa “ayuda humanitaria” hacia su propia población, con servicios de salud o seguridad pública, que al respaldo a una dictadura.

Al final, los exabruptos de Trump sobre el T-MEC son ruido de campaña que el mercado ya sabe filtrar. Pero la salud de Pemex no es retórica, es aritmética pura y dura.

Los reflectores de Wall Street y de la SEC están puestos en ese uso como brazo ideológico de Pemex con Cuba y más en el barril sin fondos de recursos públicos en el que se ha convertido la petrolera.

Si el gobierno mexicano tropieza con la piedra de la opacidad en los mercados internacionales, el golpe será más seco y doloroso que cualquier arancel dictado desde la Casa Blanca.

Los exabruptos de Trump sobre el T-MEC son ruido de campaña que el mercado ya sabe filtrar. Pero la salud de Pemex no es retórica, es aritmética pura y dura.