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Pasan los días y no hay una sola noticia que pudiera dar un vuelco a la elección en Estados Unidos. Lejos de apretarse, la ventaja de Biden se ha ampliado. Si hace un par de semanas la reelección de Trump se veía lejana, la situación ahora luce peor para el presidente.

Un dato ilustrativo es que la participación de Biden en la cadena televisiva ABC tuvo más audiencia que la de Trump, transmitida simultáneamente la semana pasada por NBC. La estrella de El Aprendiz fue superada por un candidato que ha sido tildado de aburrido.

Con todo, incluso si Trump es derrotado en noviembre, el trumpismo seguirá socialmente vivo. A pesar del cuestionado manejo de la pandemia, su aprobación se mantiene en un sólido 42 por ciento.

En el núcleo duro de su base social, el apoyo al presidente se mantiene incondicional. Es el caso de los blancos sin estudios universitarios, de los desplazados por la globalización en el cinturón industrial del país y de quienes resienten los privilegios de las élites.

Ellos conservan su fe ciega en Trump, pese a haber padecido en carne propia la crisis económica derivada de la pandemia. Tienen la idea de que él les ha dado voz y entiende su situación, al tiempo que combate a los grupos privilegiados de su nación.

Aunque Trump ha alimentado el resentimiento, el racismo o la xenofobia que existen en parte de la sociedad de ese país, él no es la causa última de ninguno de estos sentimientos o prejuicios. Trump puede irse, pero el ánimo en el que floreció trascenderá su mandato.

Y esta percepción seguramente se reforzará si el presidente pierde los comicios y convence a sus seguidores de que es un mártir al que le robaron la elección, por culpa de los medios y demás sospechosos comunes.

Tan es así que hace unos días Robert Reich, secretario de Trabajo con Bill Clinton, escribía en Twitter que para acabar con la pesadilla no es suficiente la derrota de Trump; se requerirá además una comisión de la verdad que exhiba sus mentiras y a cada uno de los políticos, empresarios y medios que lo han apoyado.

Y aun así me parece que mientras no se atiendan las causas de fondo que favorecieron el ascenso de Trump al poder, el atractivo de personajes como él seguirá vigente.