Se supone que un político con una licenciatura en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) al que el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) le otorgaron una beca para estudiar en la Universidad de Essex, Inglaterra, donde obtuvo el grado de Maestro en Economía con especialización en Econometría, no hace esa clase de númeritos.

Es de estimarse que alguien que ha sido secretario de Finanzas del Distrito Federal del 2006 al 2010; destacándose por ser el funcionario más joven (34 años) en ocupar dicho cargo; que, así mismo, fue secretario de Educación del mismo Distrito Federal (2010-2012); que también fue senador de la República del 2012 al 2018; diputado del 2018 al 2021 presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara, no puede darse el lujo de reaccionar con las vísceras.

Es de imaginarse que un hombre que ha recibido reconocimientos como el premio al Mérito Profesional que otorgan el ITAM y la Asociación de exalumnos de esta institución; o la distinción, entre 5,000 personas de 65 países, de ser nominado, en el 2011, como uno de los Young Global Leaders  (Líderes jóvenes del mundo), actúe de manera moderada.

Es de creerse que el presidente nacional del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) partido que apoya la Cuarta Transformación que es una revolución silenciosa, está consciente de que sus actos se reflejan en la opinión de la sociedad sobre el partido que preside.

En fin, un hombre como Mario Delgado Carrillo, que se dice de izquierda, corriente política que en opinión del pensador italiano Giovanni Sartori (1924-2017) “tiene las credenciales ganadoras de virtuosa, tolerante y persigue el bien” o según la definición de María Moliner, es el “sector político de ideas progresistas”, para quedar bien con quien ejerce el poder —Andrés Manuel López Obrador— y por quien, tal vez, quizá, acaso, —lo que diga el dedito del señor—, puede desempeñarlo —Marcelo Ebrard Casaubon—, caiga en la incorrección, en el tono porril, en el insulto digno de la más abyecta derecha de: “si no piensas como yo eres un traidor”. En este caso con el agregado del sustantivo patria. La Patria es una ilusión, una entelequia, que cada quien visualiza según su apego y, en muchos casos, conforme a su conveniencia.

Con esto no quiero manifestar mi apoyo a los diputados que votaron en contra de la reforma energética propuesta por el presidente López Obrador. No, de ninguna manera. Que con su pan se lo coman. Lo que estoy es en contra del dirigente de un partido de izquierda que actúa como fascista al amenazar y cumplir la amenaza de exhibir y calificar de traidores a la patria a los que tienen un razonamiento diferente o detentan una creencia distinta. Ese razonamiento puede ser materialista y egoísta y esa creencia puede ser por intereses económicos. Eso es tan difícil de comprobar como de negarlo. Aunque su voto sea para beneficiar a empresas extranjeras están en su derecho. Así es la democracia.

Aunque la calumnia ya no es considerada delito, el Código Civil si contempla como falta el daño moral de lo que diputadas y diputados de la oposición pueden acusar a Mario Delgado con el correspondiente pago de daños y perjuicios con lo que le saldría más caro el caldo que las albóndigas.

Probablemente en el seno interno de la 4T Mario Delgado quedó muy bien y se reposicionó dentro de Morena y con él su padrino Ebrard Casaubon, pero ante la sociedad quedó como un autoritario fascista. Por eso si se me permite la hipérbole diré que si Delgado es de izquierda, Gilberto Lozano es el Ché Guevara.

Punto Final

¿Cómo estás, compadre?

Mal, fíjate que tengo azúcar.

Wey, pero no se te nota.

Pues ni que fuera buñuelo, pendejo.