Antes que nada ofrezco una disculpa a las lectoras y a los lectores por el fallido vaticinio que hice en la columna del jueves pasado cuando aseguré que los días de Alejandro Gertz Manero como fiscal general de la República estaban contados. Mi pronóstico lo basé en los audios divulgados en YouTube, donde se escucha una conversación entre el fiscal en jefe y su mozo de estoques, el fiscal de Control de Competencia, Juan Ramos López, que revelan la ilegal injerencia de Gertz en el proceso contra la que durante 52 años fuera compañera de vida de su hermano Federico, la nonagenaria Laura Morán y la hija de ésta Alejandra Cuevas de 69 años —presa desde octubre del 2020—.

Lo anterior, aunado a lo que un día antes de la publicación de mi columna el periódico El Universal divulgó que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) detectó que las cuentas de la Universidad de las Américas, de la que  Gertz fue rector de 1995 al 2018, sirvieron para mandar cerca de 150 millones de pesos a cuentas bancarias a nombre del fiscal y de sus familiares en México y en el extranjero, incluyendo paraísos fiscales; me hizo pensar que en un acto de congruencia el funcionario presentaría su renuncia para defender sus causas como un ciudadano cualquiera. Me equivoqué, el primer fiscal autónomo del país no conoce la palabra congruencia que el diccionario define como “la relación lógica y coherente que se establece entre dos o más cosas”.

Por el contrario, Alejandro Gertz Manero, quien además contó con el espaldarazo del presidente López Obrador, acudió a complacientes medios electrónicos que le dejaron exponer que la acusación de homicidio por omisión —¿existe esta figura?— en contra de Laura Morán y la hija de ésta, la hacía en su carácter de ciudadano, prescindiendo de su condición de fiscal. Lo cual, en mi modesta opinión, es imposible.

Sólo mediante un ejercicio de imaginación puedo contemplar al doctor Gertz despojándose de una cachucha con la letra F de fiscal y poniéndose una con la letra C de ciudadano para pedir que prospere su denuncia en contra de las señoras de la tercera edad, denuncia que hasta que fue nombrado fiscal general cobró efecto; también para defenderse de las acusación de malversación de fondos de la Universidad de las Américas. Así mismo lo veo ponerse otra cachucha con la letra I que lo convierte en investigador III del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) quien lo había rechazado en el 2010 por “insuficiente producción científica” y que cambió de opinión en agosto del 2020 al considerar que la biografía de Guillermo Prieto de la autoría del fiscal era una aportación para “la generación y transmisión de nuevos conocimientos”, sin importar que el académico Guillermo Sheridan descubriera que dicha obra constituía un plagio de algunos episodios escritos por Salvador Ortiz Vidales y por Malcom D. McLean.

Leí una nota escrita por J. Jesús Lemus especial para Los Angeles Times en español, en la que revela que “en la acusación por Homicidio Doloso por Omisión de Auxilio, inicialmente también se incluía a una hermana de Alejandra e hija de Laura Morán Servín, la señora Laura Cuevas Morán, pero a esta le retiraron los cargos. ¿La razón? Laura Cuevas Morán es madre de Fernanda Castillo Cuevas, la esposa del gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza.  Aquí Gertz Manero se puso la cachucha con la letra P de político.

Este lunes la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) desechó por 6 votos a favor y 5 en contra los proyectos para amparar a los dos mujeres, por lo que Alejandra Cuevas permanecerá en la cárcel. Aquí me imagino al fiscal impune con una cachucha con las iniciales M y N de Mano Negra.

Punto final

Están fabricando muñecas inflables tan realistas que sólo te aceptan como amigo.