Aunque el martes reaparecí en las páginas de El Economista, hasta hoy —ayer para usted que lee— regresé a mi pago, precisamente hoy —mañana para mi— que es día de pago —quincena—. La columna del martes la escribí en una computadora ajena, fue por eso que me equivoqué y no mandé mi texto definitivo, mandé el borrador. Razón por la cual excluí, de los seis distinguidos priistas que Miguel de la Madrid mandó a la ‘pasarela aplausómetro’ del partido, a su secretario de Educación, Miguel González Avelar, inteligente y culto funcionario, refractario a la grilla. También fueron publicados detalles que quite en la que iba a ser la versión definitiva y quedaron inéditos otros que puse en la columna nonata. Ni modo.

Hoy, de regreso a mi estudio y a mi computadora, después de una corta ausencia, lo primero que recordé es lo que les dijo Fray Luis de León (1527-1591) teólogo, poeta, filósofo y religioso agustino, a sus alumnos, al regresar a las aulas, después de cuatro años de prisión a los que la Santa Inquisición lo condenó por haber traducido del hebreo al castellano, El Cantar de los Cantares, libro que a pesar de formar parte de la Biblia, la Iglesia Católica lo tenía prohibido. Fray Luis que además era astrónomo y humanista, le echó buen humor al trance y saludó a sus alumnos, diciéndoles: “Decíamos ayer”. Aunque sólo me ausenté un par de semanas, no soy religioso agustino, ni poeta, ni filósofo, ni astrónomo, si me considero humanista y, espero no ser condenado nunca por la Santa Inquisición actual, la que opera en Palacio Nacional todos los miércoles, también digo: decíamos ayer.

Y fue por mi columna de ayer (martes) por la que los recalcitrantes partidarios de la 4T me dijeron “chayotero” y otras lindezas por haberme atrevido a decir que el presidente López Obrador lleva en sus entrañas un gen priista que se tradujo, esta vez, en nombrar a seis posibles candidatos a sucederlo, a los que llame sus “tapados”. Las críticas que me llovieron me vienen valiendo lo que se le unta al queso. También, en ocasiones, me han atacado los neoliberales por considerar que mi texto es a favor de la 4T. Lo que no saben los fanáticos de una y de otra opción política, es que soy fanático del antifanatismo. Ya lo dijo Sir Winston Churchill: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”.

En la mañanera del martes, AMLO dijo, palabras más, palabras menos, que ya no son los tiempos del “tapado”, ni del “que se mueve no sale en la foto”, ni del “dedazo” ni de la “caballada flaca”, ni de la “cargada”. Ahora es otra etapa de la vida pública. Cualquiera puede aspirar a ser candidato presidencial y manifestar su deseo. El presidente se autodesignó “el destapador” no de candidatos, sino de corcholatas y “mi corcholata favorita va a ser la que el pueblo elija”.

Es decir el “tapadismo” murió para dar paso al corcholatazo. Así se llamó el concurso de un refresco en la época en que las corcholatas tenían corcho. Dar el corcholatazo era la posibilidad que tenía el consumidor de levantar el corcho y encontrarse con un regalo.

El término se pondrá de moda y en el 2024 el corcholatazo traerá un gran premio sexenal.

Memes

A mi el tema de la edad no me quita el sueño, por el contrario, últimamente me estoy quedando dormido en cualquier parte.

El 60% de los hombres mexicanos sufren obesidad. El 40% restante también, pero no sufren, les vale madres.

El coronavirus ya mutó a una cepa mexicana. Como nadie sabe cómo se generó, se llama cepa la chingada.

Crean una muñeca sexual tan realista que sólo te quiere como amigo.

Es raro que a estas alturas Felipe Calderón no haya levantado la voz para exigir una Cuba libre.