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Nicolás Maduro dijo ayer en la Corte de NY que es un hombre decente. Pues ese hombre decente ordenó el asesinato extrajudicial de más de cinco mil opositores políticos, torturó a más de 10 mil y encarceló a más de 18 mil.

Pero son cifras bajas. Las contó la ONU, en una comisión encabezada por Michelle Bachelet, expresidenta de izquierda de Chile y política consentida de Cuba. De hecho, Bachelet concluyó que “el verdadero enemigo es Estados Unidos”.

Aun así, tras estudiar los informes de la Misión Internacional Independiente, la ONU no tuvo más remedio que declarar al hombre decente como responsable de “crímenes de lesa humanidad”. Y la Corte Penal Internacional le abrió una investigación.

El informe concluyó que el hombre decente “perpetró estas violaciones, atropellos y abusos de manera generalizada y sistemática por motivos políticos y que, verificados en todos sus elementos, son crímenes de lesa humanidad”.

Leamos algunas de las conclusiones:

–Se usa la tortura “para extraer confesiones o información, contraseñas telefónicas y de redes sociales”

–Se usan métodos inhumanos “para obligar a una persona a incriminarse a sí misma o a otras personas, en particular a líderes de la oposición de alto perfil”.

–Los opositores son “sometidos a posiciones de estrés, asfixia, golpes, descargas eléctricas”

–Los presos de conciencia sufren “cortes y mutilaciones, amenazas de muerte y tortura psicológica”

–Todos los crímenes, detenciones ilegales y abusos se realizan “con el apoyo directo de los altos funcionarios del gobierno”.

Además, el hombre decente fue el capo de una red de organizaciones criminales nacionales e internacionales que saqueó a Venezuela y metió el dinero en sus cuentas personales, gracias a las cuales ahora pagará a los abogados más caros del mundo.

El hombre decente usó las estructuras del Estado para contrabandear drogas, petróleo, oro, diamantes y trata de personas que, sólo en 2024, le reportaron 15 mil millones de dólares, mientras Venezuela se endeudaba con 167 mil millones de dólares.

Sí, el hombre decente se metía a la bolsa el 20% de la producción de oro que reportada al Tesoro de Venezuela. Decía tener sólo una “cuentica de banco”, y hoy le paga a su mujer los servicios de un abogado que fue fiscal en EU.

Ajá, el hombre decente destruyó el Estado de Derecho con la captura del Poder Judicial, la negación del debido proceso, el uso del sistema penal para la persecución política y el control de los órganos electorales.

Y es lamentable que México lo reconozca como presidente legítimo de Venezuela, a pesar de que jamás presentó las actas electorales que así lo confirmaran. México fue de los pocos países que avaló

el robo de las elecciones por parte de Maduro.

No deja de ser una pena.