Madroñol

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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

“La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la ‘sufrida madre mexicana’ que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafóricamente o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre”, escribió, a la mitad del siglo pasado, Octavio Paz, en El Laberinto de la soledad, un ensayo sobre la manera de ser, de ver y de festejar la vida y la muerte del mexicano; la forma de enfrentar o eludir sus conflictos y relaciones; la causa de sus emociones y confrontaciones.

“La Chingada es una de las representaciones mexicanas de la Maternidad, como la Llorona o la ‘sufrida madre mexicana’ que festejamos el diez de mayo. La Chingada es la madre que ha sufrido, metafóricamente o realmente, la acción corrosiva e infamante implícita en el verbo que le da nombre”, escribió, a la mitad del siglo pasado, Octavio Paz, en El Laberinto de la soledad, un ensayo sobre la manera de ser, de ver y de festejar la vida y la muerte del mexicano; la forma de enfrentar o eludir sus conflictos y relaciones; la causa de sus emociones y confrontaciones.

Nueve años después, el psicoanalista Santiago Ramírez, publicó El mexicano psicología de sus motivaciones, en donde aborda aspectos psicológicos del mexicano. En su estudio el doctor Ramírez establece la importancia de la relación madre-hijo en nuestro perfil psicológico. Transcribo: “Una de las cosas que más importan en la vida del mexicano es su relación con la madre; usándola como estandarte y símbolo se rebelará contra el padre y obtendrá su afirmación en la gesta de independencia; usándola como símbolo fiel que le acompaña siempre, la soldadera, gestará la revolución contra la arbitrariedad del padre cruel y distante: la dictadura. Cuando el mexicano dice: ‘me importa madre’, está negando su realidad profunda, esa que sí se expresa cuando afirma: ‘me dieron en toda la madre’. Estas contradicciones aparentes que van desde el ‘pura madre’ hasta el ‘a toda madre’, siempre se encuentran presentes en el inconsciente, pero en el mexicano afloran al lenguaje y a la conducta en función de la fuerza dramática que las hizo nacer”.

Lo anterior me sirve como marco de referencia para, a continuación, y con motivo del día dedicado a las abnegadas madrecitas mexicanas emprender la compilación de expresiones que con diferentes connotaciones han pasado a formar parte del lenguaje cotidiano del mexicano medio. Obviamente que el autor de lo que usted lee no es la primera persona que reúne las voces populares en las que se utiliza la palabra madre. Recuerdo haber oído algo semejante, hace tres o cuatro décadas, en un programa de televisión que conducía el irreverente Jorge Saldaña. También no debo pasar por alto El madrenario escrito por el catedrático de la Universidad Anáhuac, Alberto Peralta Legorreta.

Yo, inspirado por el neologismo cabroñol, que acuñó el fallecido Carlos Monsiváis para nombrar el lenguaje usado por políticos y empresarios en conversaciones telefónicas que se hicieron públicas a través de los medios, he titulado a esta colección de enunciados en los que está implicado el sustantivo madre: Madroñol:

No tener madre: Expresión con un doble y contradictorio significado. Se usa para decir que algo está bien. ‘Se compró un coche que no tiene madre’. También significa que alguien tiene poca vergüenza o es medio tranza o cabrón y medio. ‘La mayoría de los pinches políticos no tienen madre’.

Madral: Adverbio de cantidad, significa abundancia. ‘En la fiesta había un madral de chavas’. El vocablo tiene grado superlativo: Putamadral. ‘Ese güey se robó un putamadral de lana’.

Madriza: Equivalente a golpiza. ‘El Canelo le puso una madriza a Golovkin’. Aquí también se consignan derivados de este voquible como: madrear: golpear. Madrearse es pelearse. También se dice: ‘Le pusieron en la madre porque es bien ojeis’. O bien, uno mismo puede ponerse o darse en la madre. ‘Me puse en la madre con mi coche’. O bien, ‘veníamos en la moto y nos dimos en la madre’.

Partirse la madre: También equivale a pelearse; se usa para indicar que se trabajó mucho. ‘Nos partimos la madre haciendo el inventario’. También se parten la madre dos que se pelean; o uno amenaza al otro: ‘Si sigues de mamón voy a partirte tu madre’.

Hasta la madre: Se utiliza para designar un lleno. ‘El teatro estaba hasta la madre’; para señalar que alguien ya te hartó: ‘Estoy hasta la madre de Manuel’. O bien, para designar a quien está borracho o drogado o endeudado: ‘Quién sabe qué se metió que se puso hasta la madre’. ‘Debo hasta la madre’.

En el Norte del país se acostumbra la expresión: ‘con madre’ que designa que algo funciona bien: ‘La troca jala con madre’. Equivalente al a toda madre, referido por el doctor Ramírez. En grado superlativo se usa: a todísima madre.

Ya encarrerado el ratón aquí anotaré: Ni madres: Negación. Me vale madres, me importa poco. De esta frase se deriva el concepto toral de la idiosincrasia nacional: el importamadrismo. Seguiré con me cae de madre, locución que se usa como juramento con la sagrada madrecita de por medio. ‘Me cae de madre si mañana no te pago’.

Tengo prisa por terminar mi trabajo así que me iré hecho la madre; subrayaré que una cosa pequeña es una madrecita y que cagar la madre es lo que le sigue a caer gordo. Y, por supuesto, que el máximo insulto proferido por un mexicano es: Chinga tu madre.

Espero que los lectores participen y aporten, para sí mismos, otros, muchos significados donde se involucra la palabra madre, con el único objetivo de echar desmadre, ya que como afirmó el ya citado Carlos Monsiváis: “El desmadre es una necesidad social, algo más que el desahogo o que la energía imposible de refrenar; el desmadre borra jerarquías”.

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