LXIV Legislatura: ¿dialogar para después aplastar?


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Enrique CamposLa Gran Depresión

Lo venden como un momento inédito de la vida política del país, pero no es la primera vez que una fuerza política tiene una aplastante mayoría en el Congreso.

Lo venden como un momento inédito de la vida política del país, pero no es la primera vez que una fuerza política tiene una aplastante mayoría en el Congreso.

De hecho, por lo visto en campaña, la actitud de Morena no será tan diferente de la que tenía el Partido Revolucionario Institucional en sus mejores años.

La LXIV Legislatura, que inicia funciones a partir de mañana, empezó con los buenos augurios de la luna de miel de la transición. Es de enorme utilidad para la estabilidad de esta parte final del año que, con ese mismo ánimo de colaboración que existe entre los ejecutivos entrante y saliente, así la mayoría en el Congreso afín al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, acoja a las minorías con promesas de escucharlos.

Pero toda esa tersura de la relación Peña-López no parece que pueda durar mucho en la relación de Morena con las minibancadas del PAN y del PRI.

Que no queden dudas, en la LXIV Legislatura podrán ser escuchadas todo lo que quieran las minorías de oposición, pero a la hora de votar se hará valer esa aplanadora mayoritaria para sacar adelante lo que ordene el Poder Ejecutivo.

Quizá como parte de ese espejismo de cordialidad entre los que se van y los que llegan, la aprobación de la creación de la Secretaría de Seguridad no tendrá mayores problemas en su tránsito legislativo.

Pero cuando lleguen a los temas del dinero, las cosas pueden cambiar de forma radical.

El paquete económico está en plena fase de diseño por parte del equipo entrante de la Secretaría de Hacienda. Los actuales funcionarios, independientemente de que puedan ser consultados en algunos temas, tienen la instrucción presidencial de apoyar en todo lo que quieran los que se van a quedar.

Pero cuando lleguen a las cámaras de Diputados y Senadores, el 15 de noviembre, las propuestas de miscelánea fiscal, la iniciativa de Ley de Ingresos y el proyecto de Presupuesto de Egresos, podrían empezar a brotar las primeras chispas.

La oposición no desaprovecharía la oportunidad de mostrar inconsistencias presupuestales que pudieran provocar desequilibrios fiscales. Cualquier intento de salirse del carril de la estabilidad sería denunciado.

Donde puede haber muchos gritos y sombrerazos será en la manera de repartir recursos a las entidades del país.

Está claro que la cuestionada figura de los delegados estatales va acompañada del manejo presupuestal y es ahí donde vienen los desencuentros.

Es seguro que las nuevas mayorías dejarán que las inéditas minorías se quejen en comisiones y en tribuna, pero no hay ninguna duda que, al momento de votar, se respetará el guion que reciban. Uno que bien puede incluir provocarle cambios en el Congreso para cuidar las formas de no aprobar el documento que reciban al pie de la letra.

Y aunque puedan invertirse los papeles de antaño y veamos ahora a priistas o panistas tomar las tribunas, nadie les podrá reclamar a los legisladores que acompañan a López Obrador absolutamente nada, porque al final ése fue el mandato de una mayoría de votantes.

Ya los resultados de ciertas decisiones económico-financieras son otra cosa, eso ya le tocará juzgarlo a los agentes económicos, a los mercados y a las propias firmas calificadoras de la deuda mexicana.