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El tiempo le está dando la razón a los escépticos, una vez más. La reunión de Glasgow se encamina a ser un fracaso. Los compromisos alcanzados en la COP26 no son suficientes para detener el calentamiento global por debajo de 1.5 grados centígrados, peor aún, no son creíbles: 40 países se comprometieron a tener cero emisiones entre 2050 y 2070, pero sólo 6% de estas reducciones están respaldadas en planes concretos.

La ausencia de compromisos concretos de parte de los gobiernos es grave, pero el problema no termina con ellos. La industria automotriz que es responsable de 18% de las emisiones de carbón en el mundo no va en la ruta para reducir su huella en los próximos años, sino todo lo contrario. Cuatro de los cinco mayores fabricantes del mundo se rehusaron a firmar compromisos en Glasgow. El cumplimiento, afirman, no depende de las empresas, sino de muchos factores que ellas no controlan. El hecho es que las emisiones de CO2 de los vehículos crecerán en la próxima década, para luego estabilizarse y comenzar a bajar en la segunda mitad de la próxima década, de acuerdo con un estudio del International Council on Clean Transportation.

Los autos eléctricos se llevan todos los reflectores, pero la mayor parte de autos y camiones que se venden en el mundo siguen funcionando con combustibles fósiles. En Europa, uno de cada cinco vehículos vendidos en los últimos cinco años fue eléctrico o híbrido. En Estados Unidos, el porcentaje es menor al 5 por ciento.

Para cumplir las metas del protocolo de París, la industria automotriz debería lograr una transformación tan radical que no tiene precedentes: que el 90% de los vehículos de pasajeros vendidos en el 2030 fueran eléctricos. En el caso de los camiones, el porcentaje necesario para 2030 es de 70 por ciento. Esto no ocurrirá.

El cambio de la industria automotriz es enorme, pero quedará corto, si tomamos como referencia lo que los científicos dicen que el planeta necesita para no agravar el calentamiento global. El problema es multidimensional y las soluciones deberán ser así. Si para el año 2035 se lograra que la mitad de los vehículos vendidos fueran eléctricos, el 70% de los autos y camiones que circulan en las rutas del mundo seguirían siendo consumidores de combustibles fósiles.

¿Qué hacer en el futuro próximo con los autos que consumen gasolina o diésel? Los que se están vendiendo ahora, los que se vendieron en los últimos 10 años, son parte importante del patrimonio de millones de familias en el mundo. Sacarlos de circulación y sustituirlos por vehículos cero emisiones es un reto enorme para el gobierno que lo quiera hacer. En México lo hemos aprendido en el proceso de modernización de las flotas de camiones. Un proceso que lleva más de 20 años y que ha sido intentado por varios gobiernos.

¿Qué hacer con los trabajadores de las fábricas de autos y camiones? La industria automotriz es uno de los mayores empleadores de recursos humanos en el mundo. La fabricación de vehículos eléctricos requiere menos piezas y emplea menos personas. Los sindicatos se oponen a una transición muy rápida porque esta aceleraría la velocidad de destrucción de algunos empleos. Por lo pronto, las circunstancias conspiran a su favor.

¿Cómo desarrollar la infraestructura para cargar los vehículos eléctricos? Los autos de lujo como Tesla han avanzado con éxito en el diseño de instalaciones domésticas para sus clientes, pero el mayor desafío está en la infraestructura de carga en los espacios públicos. ¿Debe ser financiada por el Gobierno? Las opiniones están divididas. La industria argumenta que sí, que la enorme inversión se justifica con los beneficios públicos en calidad del aire. Los grupos medioambientalistas se oponen a esto y proponen que aumente la inversión en transporte público.

Todas son preguntas sin respuesta. Los pesimistas sonríen. Ya lo dijo un activista: La Cumbre de Glasgow le quito la cubierta azucarada al dulce amargo que tendremos que tragar en los próximos años.