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Recientemente me he referido al divorcio entre la opinión publicada y la que reflejan las encuestas. Parte del problema es que los analistas a veces olvidan que estamos ante un Presidente y un gobierno que, por el simple hecho de ser diferentes, no pueden ser evaluados bajo los parámetros de antes.

Si bien la crítica es esencial, se equivocan quienes esperan que un gobierno de ruptura use las recetas del pasado. Sus decisiones pueden estar mal, pero deben ser valoradas en su propio contexto y no con la nostalgia de lo que ya quedó atrás.

En un artículo en The New York Times (09/06/2020), David Brooks argumenta que quienes se oponen a Trump deben ser “juiciosos, maduros y razonables”. En cambio, advierte, lo que predomina es un tono “alterado, desbalanceado, incapaz de generar una conversación inteligente”. Algo parecido sucede en México.

Apenas este fin de semana circuló un video en el que se ve a los hijos del Presidente visitando un hotel en Acapulco que hace tiempo dejó de ser de gran lujo. Como si no tuviesen derecho de estar ahí, los críticos usaron las imágenes para intentar desacreditar al Presidente de una manera por demás ruin, agravada por el hecho de que uno de los hijos es menor de edad.

Así, por ejemplo, Jorge Suárez-Vélez, comentarista en medios, escribió en Twitter: “Los hijos de @lopezobrador pasándola bomba en el Princess de Acapulco, como hijos de rico”. El despropósito es claro, ya que ni es un hotel de ricos ni la visita pone en duda al Presidente o a su familia.

Lo mismo se equivocan quienes esperan las recetas de ayer, que aquellos que se empeñan en buscar una falla personal para decir que todos son iguales o que el Presidente no es auténtico. Puede no gustar su estilo, ideología o decisiones, pero la crítica yerra sí parte de esa falsa premisa.

Por último, también están los que buscan cualquier dato que apunte al abismo. Como dice Brooks, el lenguaje “apocalíptico que anima el miedo” de nada sirve al análisis. Y como el apocalipsis no ha llegado, allá como acá, son esos críticos quienes acaban perdiendo credibilidad.

Esos resortes vician los juicios y hacen que mucho de lo que se publica con frecuencia no coincida con el sentir de la gente.