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Si los precios del petróleo siguen bajando, al primero al que quiero voltear a ver es a Venezuela, que sólo mantiene a flote su incomprensible modelo político-económico precisamente en los altos precios de los hidrocarburos.

Podríamos echar una miradita un poco más lejos, hasta Rusia, como para ver qué tal le va a Vladimir Putin cuando sus ingresos energéticos se reduzcan de manera notable. Pero más allá de esta morbosidad geopolítica, la realidad es que la baja en los precios del petróleo puede plantear cambios profundos en la conducción económico-financiera de muchos países, incluido México.

Los indicadores energéticos son de los más impredecibles del mundo, porque no sólo dependen de los niveles de producción y consumo de las diferentes regiones económicas del planeta. Cuentan también las colusiones de precio como las que hace la Organización de Países Exportadores de Petróleo, influyen sus desacuerdos y tienen todo que ver los conflictos político-militares mundiales.

Hoy lo que priva es una desaceleración económica muy marcada en Europa; Alemania acaba de revisar drásticamente a la baja sus expectativas de crecimiento. También China está en una fase de crecimiento mucho más moderado; sin embargo, estos ciclos pueden revertirse en plazos relativamente cortos.

Lo que parece una tendencia mundial es la elevación de la producción de hidrocarburos, desde Estados Unidos, que hoy es una potencia con autosuficiencia energética y un nuevo mercado de exportación, hasta Libia, que después de ponerle una bala en la cabeza a Muamar Gadafi ha disparado sus niveles de producción de combustibles.

Ya no son los tiempos de administrar la abundancia de petróleo, la demanda es alta y la falta de fuentes alternativas de energías accesibles y suficientes marca a los combustibles no renovables como productos altamente deseados.

México tiene también su propia historia con esta tendencia a la baja de los precios de los hidrocarburos. La parte que más atención merece es la situación fiscal.

Y es que en la búsqueda de la reforma energética, que tan bien les quedó al Ejecutivo y al Legislativo, se tuvo que sacrificar otra reforma estructural: la hacendaria.

Los cambios fiscales logrados tuvieron un carácter recaudatorio, no correctivo de las enormes fallas que tiene el sistema tributario mexicano. Por lo tanto, no serán suficientes para cubrir un boquete provocado por un derrumbe en los precios del petróleo.

Podría ser necesario que si se mantiene la baja en los precios de los hidrocarburos se tuviera que incumplir con la promesa de no tocar los impuestos el resto del sexenio.

¿Qué tanto pueden bajar los precios del petróleo? No hay límites. Podría reanudar su incremento en estos días y regresar a los 90 dólares por barril y ahí mantenerse. O bien, podría subir por arriba de los 110 dólares por barril si un conflicto bélico, una epidemia o cualquier otra eventualidad surgieran.

Sólo para no olvidar el dato, con la recesión global del 2009 los precios del petróleo bajaron de los 140 a los 45 dólares por barril, por lo que está claro que no es nada imposible que los mercados se derrumben o repunten de forma radical.