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Cuando el sujeto que se había “colado” en la conferencia de prensa mañanera del lunes se acercaba al presidente Andrés Manuel López Obrador, el titular de la Profeco, Ricardo Sheffield, se aventaba algunas maromas con las cifras del mercado petrolero para justificar el notable incremento en los precios de las gasolinas.

La atención mediática rodeó el episodio de la intrusión. La discusión versaba entre la falta de controles de seguridad en Palacio Nacional para que el sujeto lograra tocar al Presidente y los que veían en ese lance un montaje más de la propaganda oficial.

Porque nadie hoy le pone atención a la realidad de que los combustibles han subido sus precios de forma acelerada en lo que va de año.

La gasolina Magna, que costaba 18.19 pesos por litro a principios de enero de este año, en una determinada gasolinería de la ciudad de México, hoy cuesta 21.69 pesos, en la misma estación de servicio. Eso implica un incremento en dos meses de casi 20% en el precio.

Ese porcentaje de aumento en el precio es muy similar al que tuvieron los precios de la gasolina en enero del 2017, cuando los entonces grupos opositores incendiaban al país con aquello del gasolinazo.

No son muy diferentes las razones de los incrementos del 2017 y los de este 2021. Tienen mucho que ver con los precios internacionales de los hidrocarburos, que han sufrido aumentos notables desde finales del año pasado.

El matiz es que en el 2017 el mercado mexicano se estrenaba con los precios de mercado, después de vivir en un ambiente de precios controlados. Y este 2021 enfrenta los daños colaterales del inicio de una recuperación económica tras los peores días de la pandemia.

Lo que cambia radicalmente entre el gasolinazo del 2017 y el del 2021 es la manera de comunicar las cosas desde el poder.

La impericia del gobierno de Peña Nieto para explicarlo dotó a su oposición de miles de bidones de combustible político para incendiar a la opinión pública. Hoy, la habilidad propagandística de la 4T ha borrado por completo la atención a estos incrementos en los precios de la gasolina.

El discurso que perdura es aquel del presidente López Obrador quien prometió no subir los combustibles más allá de la inflación esperada de 3%, bueno en dos meses lleva 20 por ciento. Esa era una promesa falsa desde el principio.

No es voluntad presidencial que suban los precios de las gasolinas, es producto del mercado abierto que se mantiene en México, afortunadamente, en los precios de los combustibles.

Ahí están los impuestos especiales que se cobran a las gasolinas como un salvavidas tributario en tiempos de baja actividad económica. La 4T no ha hecho muchas concesiones fiscales con ese gravamen para cumplir la promesa presidencial y no lo hace porque no es tema en la opinión pública.

Tampoco sus opositores lo han notado y si ya se dieron cuenta, no saben cómo sacarle ese provecho político que, en su momento, los que hoy son gobierno, sí supieron aprovechar.