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Es verdad, como dije aquí hace unos días, que ningún jerarca de la Iglesia mexicana ha excomulgado a grupos criminales como hizo Bergoglio con la Ndrangheta calabresa, echando mano de la mayor coerción moral que un jefe de la Iglesia puede usar contra sus fieles: expulsarlos del templo.

No es verdad sin embargo que la jerarquía mexicana haya guardado silencio en la condena de los criminales.

El secretario general de la Conferencia Episcopal Mexicana, Carlos Aguiar, arzobispo de Tlalnepantla, firmó un documento donde se lee: “Desgarra la sangre derramada de niños abortados, mujeres asesinadas, víctimas de secuestro, asaltos y extorsiones; los que han caído en la confrontación entre las bandas, los que han muerto en la lucha contra el crimen organizado y los que han sido ejecutados con crueldad y con una frialdad inhumana”, (http://bit.ly/1EHPfn6).

Felipe Arizmendi, el obispo de San Cristóbal de las Casas, ha dicho: “Sus métodos son bestiales, salvajes, inhumanos, crueles y despiadados. En sus territorios, siembran terror, para imponer su ley”, (http://bit.ly/19VEo1u).

Hay otros testimonios de condena pero ningún jerarca de la Iglesia mexicana ha excomulgado a los criminales, como Bergoglio. Sufren con resignación lo que según sus mismas expresiones es el entorno pastoral más peligroso del mundo cristiano. Según el Centro Católico Multimedia, los secuestros y asesinatos de sacerdotes han aumentado en 300 por ciento: México es el país donde ser sacerdote supone el mayor riesgo.

Dice Maximino Martínez, obispo de Ciudad Altamirano: “No conozco ningún otro lugar donde en los últimos meses se haya dado tanto crimen y tanta violencia contra el clero. Por lo menos no en el mundo católico”, (http://bit.ly/1CSjQlx).

Pero igual los jerarcas mexicanos no llegan hasta donde Bergoglio. Felipe Arizmendi dice de sus verdugos “no están irremediablemente perdidos y no hemos de pensar que es inútil el llamarles al arrepentimiento y a la conversión”.

Maximino Martínez es más radical en su veredicto teológico: “Debemos ser firmes y combatir al mal que se ha metido en esta región. El Papa acaba de recordarnos que el diablo de pronto anda como león rugiente buscando a quién devorar. Eso pasa aquí… ¡Es el mal!… ¡El mal!”.

Mi solidaridad con los pastores caídos y amenazados.

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