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Apartado el gobernador Ángel Aguirre, sometidos los Abarca, la presión apuntaba a la capacidad de la PGR para sacar conclusiones útiles y rápidas. Ya no quedaban estaciones intermedias. Más vale, propuse aquí el jueves, que el procurador Jesús Murillo Karam se apure, porque la muchedumbre no está para menudencias, cortedades ni tecnicismos.

Murillo Karam salió el viernes con la versión por todos conocida. Me pareció contundente: los mataron, los quemaron, los tiraron al río. Nadie se ha atrevido a hacer una encuesta, pero quiero creer que también a un buen número de mexicanos la narrativa les pareció lógica, verosímil.

Por supuesto que no a la mayoría de los padres de los 43 desaparecidos. “Tengo la plena seguridad de que en ese lugar se cometió un homicidio múltiple y tengo indicios de que pueden ser los estudiantes, pero la búsqueda sigue”, me dijo ayer el procurador. “Nada me gustaría más que encontrarlos con vida”.

—Especialistas en termodinámica dicen que en ese lapso es imposible calcinar 43 cadáveres.

—La hoguera pudo haber alcanzado mil 600 grados. Diésel, gasolina, llantas, madera, plásticos. Eso me dijeron, que pudo haber llegado a mil 600 grados.

—¿Qué tan cansado está, procurador?

—Cuando estoy cansado, no poso. Y en ese momento tenía 40 horas sin dormir. Las preguntas eran repetitivas y mis respuestas empezaban a ser en ese mismo sentido. Sí, estaba muy, muy cansado, y lo diré cuántas veces lo esté.

¿Cansado, exhausto, saciado? ¿Cuántas horas le quedarán al procurador Murillo Karam después del viernes?

Porque el fuego de Ayotzinapa no se apaga. Ayotzinapa es Dante. El color que el infierno escondiera.