Minuto a Minuto

Entretenimiento Muere en Argentina integrante del espectáculo infantil ‘Bely y Beto’
De acuerdo con la información difundida, Samuel Garza acompañaba al equipo de Bely y Beto durante la etapa de la gira por Argentina cuando ocurrió el fallecimiento
Internacional Delcy Rodríguez asegura que trabaja en “plan maestro” para la reconstrucción de Venezuela
Rodríguez aseguró que su administración ya trabaja en un plan para La Guaira que permita su recuperación en infraestructura y vivienda
Nacional Decomisan más de ocho millones de cigarrillos falsos en Colima
La ANAM detalló que el decomiso de cigarrillos es el resultado de las medidas de control implementadas de manera coordinada entre las instituciones
Nacional UNAM suspende temporalmente inscripciones y entrega de documentos para licenciatura
La UNAM señaló que la revisión del Concurso de Ingreso 2026 continuará hasta concluir las acciones para garantizar la certeza del proceso
Nacional Despiden a Valentín Lavín Romero, alcalde de Temoac, en medio de un gran dispositivo de seguridad
El homenaje a Lavín Romero no pudo realizarse en la presidencia municipal porque la Fiscalía de Morelos mantiene el inmueble bajo resguardo

Hay mucho trágico y poco nuevo en las elecciones mexicanas del domingo 2 de junio.

Estamos viviendo en carne propia lo que hasta ahora sólo habíamos leído en libros, como tragedias de otros países: la conversión gradual de una democracia en una tiranía.

México no es la primera democracia corroída con los instrumentos de la democracia: no mediante un golpe de Estado, sino mediante la destrucción paulatina de los equilibrios y los contrapesos de la democracia, para dar paso a una hegemonía política cuyo puerto previsible de llegada es una tiranía o una dictadura.

El domingo 2 de junio una elección de Estado y una inesperada marea de votantes echaron para atrás los últimos vestigios de la llamada transición democrática mexicana.

Juntos, el gobierno y sus votantes, nos devolvieron de un golpe a un régimen de hegemonía política como el que durante décadas ejerció el PRI, sólo que corregido y aumentado, legitimado en las urnas.

Los votantes del 2 de junio desmontaron democráticamente los equilibrios de la democracia mexicana.

La elección de Estado no explica el tamaño de este tsunami antidemocrático. Hay algo más que elección de Estado en esta elección, hay también la voluntad del electorado de tener un gobierno fuerte, aunque sea incontrolable.

Confieso que no entiendo esa pulsión profunda y mayoritaria de los votantes. Pero el hecho es que los mexicanos han votado abrumadoramente por ponerle “segundo piso” a un gobierno de resultados desastrosos, cuyo proyecto explícito es volverse más poderoso, más políticamente indesafiable.

¿Por qué han votado así? No lo sé. Me propongo explorar sus razones. Pero son claras sus consecuencias.

Los votantes mayoritarios del 2 de junio decidieron ponerse sin reservas en brazos del siguiente gobierno, dándole los poderes necesarios para que haga lo que quiera con ellos.

Con los poderes y con los ciudadanos.

¿De qué tamaño será el uso y el abuso de esos enormes poderes otorgados democráticamente? Del tamaño que quieran los siguientes gobernantes. La votación del 2 de junio nos ha dejado en sus manos.

¿Eso es lo que buscaban los votantes? ¿Quedar en manos de lo que quieran sus políticos? No lo sé. Eso es lo que votaron el 2 de junio: un cheque en blanco para el gobierno siguiente.

Un cheque de poder sin contrapesos.