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Alguien le debe decir al papá de Andy que Donald Trump le está copiando las ideas. No exactamente en la forma, pero en el concepto sí. Ambicioso y tramposón.

Se acaba de anunciar en los Estados Unidos la creación de TrumpRX. En el mundo, Rx se usa para indicar una receta médica; viene del latín recipere, esto es “tomar”. En su afán de perpetuar su apellido en todo lo humanamente posible, desde campos de golf, torres, aeropuertos, centros culturales como el Kennedy Center of The Performing Arts, hasta su más reciente capricho de que en el corazón de Manhattan la estación Penn (por Pennsylvania) se llame como él, el programa de medicamentos quedó así. Por lo pronto.

A diferencia del enorme fraude millonario de la megabotica que nos vendió —y cobró— el papá de Andy, Trump optó por la tecnología. Es suficiente en la red entrar a TrumpRx.gov, para que se nos aparezca un listado de medicamentos disponibles —por ahora son 46— a precio reducido. Escogida la receta, el sistema le dice en qué farmacias puede comprar el medicamento, y con esa liga la farmacia aplica el descuento correspondiente.

Ese descuento puede ir del 30 al 93 por ciento, la mayoría a medio precio. Su inventario, como queda claro, es limitado en número, pero incluye medicamentos básicos para el tratamiento de enfermedades muy difundidas, como la diabetes, los síndromes menopáusicos, la epilepsia y la obesidad.

El programa está disponible para los usuarios que no están inscritos en una de las formas del complicado sistema de seguros médicos que brindan medicamentos gratuitos o a precio reducido, mediante el sistema de copago. Ahí está la trampa populista.

Populista ha sido también el anuncio de TrumpRx. El acuerdo con los grandes laboratorios, que van a adquirir ventajas fiscales y de trato preferencial, se hizo con gran prisa para contrarrestar el impacto mediático que gradualmente están provocando las revelaciones del expediente del pedófilo pornógrafo Jerry Epstein y sus vínculos con políticos importantes, incluyendo Donald Trump.

Además ha coincidido con el video racista e insultante, en el portal del presidente Trump, insultando a Barack Obama y a su mujer Michelle. El video, que fue rápidamente desaparecido del portal de Trump, toma con inteligencia artificial escenas de la película The Lion King. Obviamente, el Rey León protagonista es Donald Trump, y luego diferentes personajes de la política son presentados como diferentes animales de la corte selvática, mientras se escucha la canción correspondiente de la película. El pretexto es denunciar, como es costumbre de Trump, el fraude que él afirma se cometió en las elecciones del 2020. En los últimos momentos aparecen las caras de Barack Obama y Michelle sobrepuestas a las imágenes de unos simios.

Viajando el fin de semana a Florida, los reporteros le preguntaron si condenaba la tendencia racista del video. Por supuesto, contestó. A la interrogante sobre si pediría perdón, dijo que él había visto solamente el comienzo del video, en el que se habla del fraude en Georgia, y que no vio el final; de modo que él no hizo nada indebido.

Los intentos de lavar la cara del presidente han sido infructuosos, desde la negación de la existencia o la autoría del video. Finalmente, la excusa favorita es que un subalterno de menor nivel subió el video a las redes.

Es como cuando la señora presidente con A de patria, dice que todos cometemos errores y que el presidente de la Suprema Corte, con sus zapatos limpios, se había disculpado por el escandalito que causó la semana pasada y que de ahora en adelante recordaremos en cada aniversario de la Constitución.

Malo, que no se hubiera disculpado, dijo.

PILÓN PARA LA MAÑANERA DEL PUEBLO (porque no dejan entrar sin tapabocas): Como nunca en la historia de ese deporte, su fiesta máxima, el Super Bowl de futbol americano, dejó de ser un evento deportivo que miran decenas de millones de humanos en todo el planeta, y se convirtió en un acto político.

Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, fue el encargado del espectáculo de medio tiempo del partido ayer en Santa Clara, California. Hace unos días, en la entrega de los premios Grammy a lo mejor de la música popular, y en la que ganó como el mejor álbum, el puertorriqueño fue muy claro, pidiendo ¡ICE Fuera!

El presidente Trump había considerado asistir ayer al estadio para ver el Super partido. Debe haberlo visto por televisión: sin faltar el medio tiempo.

Yo no lo pude ver a las cinco por el cinco.

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