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Vuelvo a mi columna de ayer: ¿Cuánta opresión puede aguantar Cuba? ¿Cuánta opresión puede aguantar cualquier pueblo, antes de rebelarse o de que los opresores se dividan y destruyan entre sí?

El dicho dice que no hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo resista. La historia reciente de Cuba desmiente más de la mitad del dicho. Ha aguantado su expansivo mal sesenta y siete años.

Entre la instalación de la tiranía y su longevidad monstruosa, quedaron atrapadas generaciones enteras, abuelos, padres, hijos, nietos, bisnietos.

Las tiranías tienen a veces un origen popular, como la tuvo en Cuba, y antes en Italia y Alemania.

Por haber nacido así, tienen un plazo de comunión con sus sociedades, antes de que aparezcan las malas nuevas, repetidas y concurrentes, de la opresión y el desengaño.

Pasada la ilusión, empiezan las realidades; pasada la comunión, empieza la tiranía. El gobierno tiránico instala en la vida diaria un virus invencible y gradual que se llama deterioro.

Todo se deteriora poco a poco y es tolerable en pequeñas dosis pero, pasada cierta raya de tolerancia de la sociedad, lo normal en la tiranía es el deterioro crónico.

Creo que Cuba pasó hace mucho tiempo la raya de tolerancia al deterioro crónico que produce su dictadura.

A propósito de lo que pasa en la isla, recuerdo o invento este verso de un poeta inglés, irlandés quizá: El deterioro ejerce su dominio.

Recuerdo haber leído en Vargas Llosa que el deterioro no conoce límites, siempre puede empeorar. Pero Cuba no morirá.

El deterioro puede seguir ejerciendo su dominio en Cuba, pero no acabará con Cuba. Mientras hablábamos de esto, el poeta Luis Miguel Aguilar recordó una línea propicia de Dylan Thomas: And death shall have no dominion (“Y la muerte no impondrá su reino”, en traducción de Marco Antonio Montes de Oca).

La historia de otros pueblos destruidos por sus gobiernos nos dice que Cuba renacerá de sus cenizas, y el azar inesperado podrá jugar en ello un papel más decisivo que la rebelión o la protesta.

Cuba impondrá su libertad en la historia. La historia la absolverá.